MIS OTROS RELATOS (y XIV)

Poco a poco voy descubriendo las portadas de los libros en los que he sido finalista y se ha publicado un relato mío, eso es lo que ha ocurrido con el certamen de terror de Ojos Verdes Ediciones. El relato se titula LA ESPERA y espero que os guste, al final del  post os dejo el enlace por si queréis, que ironía, comprar el libro. Besos y abrazos a repartir.

Miedo-en-tus-ojos-Portada-simple-600x900LA ESPERA

            Han abierto la puerta, por fin. He perdido la noción del tiempo aquí encerrado, a pesar de la oscuridad total que reina en esta mi prisión, los ojos se han adaptado a ella. Los pasos de quién ha entrado resuenan sobre el suelo de tierra, eso no es posible, sin embargo, los oigo. Se dirige a la ventana, solo espero que no abra la persiana, si entra luz del sol no la soportaría, ya me he acostumbrado a la penumbra.
-Vaya, sigues vivo- dice con una voz profunda- entonces me sentaré a esperar, no tengo prisa.
No sé quién es, tan solo distingo una figura vestida de negro, lleva algo en la mano, pero no sé qué es. Mis temores se hacen realidad, abre la persiana un poco, lo justo para que tenue luz que entra ilumine vagamente la estancia. Duele. Apenas tengo tiempo de ver como coge una silla, la arrastra hasta colocarse frente a mí. El objeto de su mano brilla cuando el sol incide sobre él.
-Ya te queda poco.
Su voz es poderosa, pero su aliento es fétido, no lo soporto.
-¿Quién eres? –balbuceo.
-Tu amiga la muerte.
Sonrío, llevo deseándola desde hace días.

 

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UN RELATO

Como llevo muchos días sin compartir nada con vosotros, me gustaría compensaros con un relato que hasta ahora no había publicado por ningún medio, y que formará parte de un libro en el que estoy trabajando y que todavía no tiene fecha de salida. Espero que os guste y como siempre digo, besos y abrazos a compartir.

MÁS ALLÁ DEL VINO

 Como todas las mañanas, Pedro se dirigía a la bodega. Su vino, denominación de origen Castilla la Mancha, era sin duda, el mejor de la región. Pero eso no se conseguía solo, era necesario mucho trabajo, tesón y dedicación. Puntual, a las siete y media descendía los dos escalones que separaban el mundo exterior del interior de aquella bodega. La enorme puerta de madera, tenía más de doscientos años, desde que su tatarabuelo, empezó a elaborarlo. Un gran amante de Baco ese hombre. La tradición fue pasando de padres a hijos, y ahora era él el responsable de que aquel vino continuase llegando a los restaurantes más exquisitos, tal era la calidad del mismo.

            Llevaba la enorme llave que abría aquella puerta en la mano. Silbaba. Hoy lucía el sol, buena señal. A pesar de los años, la llave y la cerradura encajaban perfectamente, y el portón se abrió sin rechinar, con total suavidad. Ahora, una pequeña escalera descendía hasta el suelo de la bodega propiamente dicho y la oscuridad allí dentro era total. Accionó el pequeño interruptor situado a la derecha llenándose poco a poco el espacio de una luz mortecina, la justa para poder ver y la necesaria para no estropear el líquido de las botellas, muchas de ellas llenas de polvo, de años, y sin duda de un caldo excelente. Inició el ritual cotidiano, el que hacía cada día, primero inspeccionaba las situadas a la derecha, acariciándolas con esmero, luego lo haría con las de la izquierda, y acabaría el recorrido, con los barriles, seleccionaría cuatro al azar, haría una cata, y si todo estaba en orden, lo anotaría y saldría, luego a mediodía haría una segunda ronda, y antes de acabar el día una tercera. Solo así se conseguía tener el mejor vino de Castilla La Mancha, solo así se conseguía la perfección. Llegó hasta el final de la enorme estancia y se disponía a dar la vuelta y salir cuando algo sobre el suelo le llamó la atención. Había un lugar en aquella bodega del que su tatarabuelo le hablaba con misterio, casi con devoción. Era un enorme barril, dos veces más grande que los normales situado en un pequeño recodo al final de todo. Desde la puerta de entrada no se veía. Nunca explicó el motivo por el que aquel rincón era tan especial, pero se fue transmitiendo de generación en generación y nunca nadie puso objeciones. Aquel barril no podía ser movido, ni desplazado, ni reparado. ¿Los motivos? Se los llevó a la tumba, aunque lo correcto sería decir que se los llevó allí donde quiera que estuviera, ya que un día, desapareció, así sin más. Un misterio al que nunca se pudo encontrar respuesta.

            Desde la distancia a la que se encontraba solo podía divisar lo que parecía ser un pie. Se preguntó si alguien durante la noche habría entrado a robar, aunque poco iba a encontrar allí, y en la oscuridad intentase salir, tropezase y cayese al suelo. No parecía probable puesto que acababa de entrar él y como pudo comprobar la puerta estaba cerrada.

            -¿Hay alguien? -preguntó.

            La única respuesta fue el silencio. Permanecía quieto, y desde la posición que ocupaba, sin moverse, volvió a preguntar. De nuevo el silencio por respuesta. Sacó el teléfono móvil de su bolsillo, encendió la linterna y con paso trémulo se dirigió hacia aquel cuerpo, que a medida que se acercaba quedaba claro que era eso. Cogió con la otra mano una barra de metal, que usaban para separar las lamas de los barriles más viejos. Toda precaución era poca.

            -¿Se encuentra bien? -preguntó.

            Ninguna respuesta. Estaba claro que o bien estaba inconsciente, o estaba haciéndoselo, o lo que era peor: estaba muerto. Ojalá la última opción fuera la incorrecta, tendría que llamar a la policía, eso no era bueno para el vino ya que la luz estaría encendida más tiempo del necesario, el trasiego de la gente allí dentro sería numeroso, y todo eso afectaría al líquido contenido en los recipientes. Rezó para que esa pesadilla no se hiciese realidad. Envuelto en sus pensamientos había llegado junto al cuerpo. No se movía y el mal sueño empezaba a tomar forma. Ahora que se fijaba había algo extraño y tardó poco tiempo en saber qué era: los ropajes, estaban desfasados. Enfocó la linterna a aquel rostro y palideció. ¡Era imposible! En el pasillo de la oficina de la bodega situado en el otro edificio, estaban los retratos de todos sus antepasados y no quedaba ninguna duda. Conocía aquel rostro casi de memoria, era el orgullo de toda la familia, era el fundador de la empresa, el creador del mejor vino de la región. Era su tatarabuelo.

            Pero era imposible, llevaba más de ciento cincuenta años desaparecido. Se acercó con miedo, con mano temblorosa acercó sus dedos al cuello, no había pulso, estaba claro que estaba muerto. Parecía reciente, el cuerpo estaba todavía algo caliente, volvió a enfocar aquella cara. Los ojos eran inconfundibles, el hoyuelo de la barbilla también, el bigote retorcido era el mismo. ¿Cómo podía un hombre que llevaba más de siglo y medio desaparecido aparecer muerto de repente como si nada? Se alejó, dejó la barra de metal apoyada en un barril y mientras abandonaba el lugar hizo tres llamadas, una a la policía, las otras a sus hermanos, que le cosieron a preguntas cuando dijo que había encontrado un cadáver en la bodega, pero no les dijo lo que sospechaba, no quería que le tomaran por loco, pero estaba empezando a sospechar que lo estaba. No tardó en presentarse la policía, y casi al unísono lo hacían sus hermanos. Los agentes le saludaron y preguntaron;

            -¿No ha entrado nadie desde que nos llamó?

            -No, señor.

            -¿Podemos entrar entonces?

            Y dirigiéndose a uno de sus hermanos le dijo:

            -Juan, ¿puedes traer el retrato del tatarabuelo por favor?

            -¿Para qué?

            -Tráelo, ahora te lo explico.

            -Agente, deme unos minutos, en cuanto mi hermano venga abriré la puerta.

            -¿Tan importante es?

            -Quiero que lo vean con sus propios ojos.

            -¿Ver el qué?- pregunto su hermano Santiago.

            -Que no estoy loco.

            Aquella afirmación lo único que hizo fue sembrar la incertidumbre. Los agentes se miraban con cara de sorpresa y su hermano no paraba de agitarse sin acabar de entender lo que Pedro decía, pero su cara, la palidez que mostraba, no era normal. Algo había pasado allí abajo y parecía ser gordo. Durante unos segundos, que se hicieron eternos nadie dijo nada, se limitaron a mirarse unos a otros hasta que Juan apareció con el retrato. Al verlo Pedro no pudo evitar sentir un escalofrío, no le quedaba ninguna duda.

            -¿Para qué lo quieres? -preguntó.

            No contestó, se limitó a abrir la puerta, entró el primero, encendió la luz, dejó pasar a los demás y señalando el lugar donde descubrió el cadáver dijo:

            -Está allí al fondo.

            Los agentes descendieron primero, luego Pedro y a continuación sus hermanos. Durante los metros que recorrieron, nadie se atrevió a abrir la boca. La tensión se podía respirar, mezclada con el polvo y el aroma del vino.

            -¿Lo ha movido? -preguntó uno de los policías.

            -No, lo único que he hecho ha sido tomarle el pulso.

            -Está claro que este hombre está muerto, pero ¿qué hace vestido así? -preguntó uno de los policías.

            -A lo mejor estaba en una fiesta de disfraces y se coló aquí por error -dijo el otro agente con una sonrisa.

            -La única puerta de entrada es esa -dijo Pedro señalando por la que ellos habían accedido- y estaba cerrada cuando he llegado.

            Movieron el cuerpo hasta que su cara quedó visible. Entonces, sorprendiendo a todos, Pedro arrebató el retrato a Juan, lo colocó junto al hombre muerto y todos quedaron atónitos, el rostro de aquella foto y el del cadáver eran el mismo. La ropa también.

            -¡Es imposible! -grito Juan que también estaba pálido.

            -¡Lleva desaparecido más de un siglo! – exclamó Santiago.

            -Es cierto que el parecido es increíble -dijo uno de los policías- pero seguro que hay una explicación, no puede ser ese hombre.

            -Por eso te pedí que trajeras la foto, porque no me ibais a creer.

            El silencio llenó toda la bodega. Unos miraban a otros, los otros a los unos. Nadie podía creer lo que todo parecía indicar. Para los agentes de policía, que no dejaban de rascarse la cabeza, acostumbrados a cosas lógicas, todo aquello carecía de sentido y seguro que, si profundizaba, algo sensato podían intentar deducir. Para los tres hermanos aquello era tan sorprendente que no podían articular ninguna palabra.

            -Tiene que haber una explicación -dijo uno de los policías.

            -Mira -dijo el otro- tiene algo en el bolsillo.

            Con sumo cuidado extrajeron el documento. Parecía tan antiguo como todo lo que acompañaba a aquel cuerpo. La letra era de esas que se enseñan en caligrafía, recargada, elegante, anticuada. El texto, lejos de aportar soluciones, añadía un nuevo enigma al conjunto. Explicaba el motivo por el que el vino que se hacía en aquella bodega, en aquel lugar de Castilla la Mancha, era tan excelente. Hablaba del ingrediente secreto que solo existía en aquella tierra, y que le daba ese sabor tan exclusivo.

            Cuando acabaron de leerlo, los rostros de todos eran la viva expresión de la sorpresa. ¿Estaba el tatarabuelo loco? ¿De verdad aquella tierra tenía un secreto tan sorprendente? ¿Podía estar la respuesta a millones de años luz de distancia? De nuevo se cruzaron unas miradas. Solo había una forma de averiguarlo.

            -No puede ser. ¿Por qué nadie en la familia lo supo? -preguntó Juan.

            -Porque no se puede creer, pero vamos a comprobar si es cierto -sentenció Pedro.

            Se acercaron a aquel enorme barril, estuvieron tanteando todo el borde buscando el pequeño resorte que según indicaba el documento encontrado en el cuerpo accionaba su apertura, y de repente ocurrió. La parte frontal empezó a moverse hacia el interior, era cierto, era una puerta que llevaba a un lugar desconocido para todos, sobre todo para los hermanos que iban a descubrir el secreto mejor guardado de la familia. Supuestamente la oscuridad tendría que ser total y sin embargo un extraño resplandor amarillento lo llenaba todo. Los agentes de policía se encontraban en una incómoda disyuntiva, llamar para pedir el levantamiento del cuerpo, o explorar lo desconocido. No tardaron en tomar una decisión: el cadáver no se iba a salir corriendo, así que decidieron acompañar a Juan, Pedro y Santiago. No hacía falta iluminar con las linternas de los móviles, ya que la claridad era suficiente para poder avanzar sin problemas.

            ¿Cómo definir lo que estaban viendo? No era fácil, pero era soprendente. Las paredes estaban talladas directamente en la roca, estaban cubiertas de extraños dibujos y aquí y allá se veían lo que parecían antorchas que emitían la extraña luz amarilla que lo llenaba todo. El suelo estaba liso, se podía caminar sin dificultad, el aire era respirable y la temperatura era fresca. ¿Hacia dónde se dirigía aquella especie de ancho pasillo por el que circulaban? Solo había una forma de saberlo, adentrándose en él. Iban uno al lado del otro, los policías, más por instinto que por otra cosa, habían desenfundado sus armas. A pesar de ser cinco personas todavía quedaba algo más de un metro a cada lado hasta llegar a la pared. Quién construyó aquello, puesto que era evidente que no era natural, tuvo que realizar un trabajo enorme. No pudieron precisar cuantos metros avanzaron, pero al menos lo habían hecho durante más de diez minutos y lo único que se veía hasta el momento, era unas paredes con dibujos de vez en cuando y unas teas. Nada más. Atrás había quedado el olor a vino, aquel aroma tan particular que solo aquel caldo de Castilla la Mancha, tenía. Alguien sugirió volver hacia atrás, posiblemente uno de los hermanos de Pedro, pero ninguno lo hizo. Pasados unos cuantos minutos más aquel pasillo desembocaba en una enorme sala, cuyas dimensiones eran difíciles de calcular, pero varios campos de fútbol podían caber allí dentro sin problemas. Pero lo increíble se encontraba en medio de todo. Una roca, de un tamaño descomunal con incrustaciones metálicas, ocupaba aquel espacio. Y entonces ocurrió algo fantástico, unas pequeñas criaturas de color gris hicieron acto de presencia. Medían algo más de medio metro y tenían grandes cabezas y unos no menos enormes ojos negros almendrados.

            Lo inesperado de esa aparición hizo que reculasen y cayesen. A uno de los policías se le escapó un disparo que impactó en el techo, pero aquellos seres parecieron no inmutarse. Se acercaron aún más y hablaron, aunque ninguna de sus bocas se abrió.

            -No tengáis miedo. No os haremos daño.

            Infundían mucha paz. Una voz siguió hablándoles:

            -Esa piedra que veis viene de un lejano planeta, el nuestro, somos sus guardianes, los custodios de su maravillosa cualidad. Desprende una sustancia especial, única, desconocida en vuestro mundo y que impregna la tierra poco a poco, de manera constante. Esa es la clave del extraordinario sabor de vuestro vino. Tu tatarabuelo la encontró por casualidad -dijo señalando a Pedro- y supo mantener el secreto. Espero que vosotros también lo hagáis.

            -¿Qué le ha pasado a él? -preguntó Santiago.

            -Murió, hace mucho.

            -¿Hace mucho? -preguntó Pedro-. Eso no es posible, hemos encontrado su cuerpo hace un rato y gracias a sus indicaciones hemos podido llegar hasta aquí. ¿Qué le habéis hecho?

            Uno de aquellos seres extendió su mano, tocó la cabeza de Pedro y al momento cayó al suelo. Como si de un hipnotizador se tratase, era el mismo efecto. Nadie osaba moverse o mejor dicho, nadie lo hacía; estaban paralizados. Pero no tenían miedo. Dos de aquellos hombrecillos se fueron acercando al cuerpo yacente de Pedro, colocaron sus manos sobre la cabeza del hombre, este se convulsionó un poco pero enseguida quedó quieto. Su rostro mostraba un semblante sereno, una sonrisa de felicidad lo surcaba.

            Cuando abrió los ojos, se sobresaltó. Se había quedado dormido sobre la mesa de la oficina. Estaba desconcertado y no sabía muy bien donde estaba. Cogió las llaves y corriendo, casi volando, se encaminó hacia la bodega, abrió la puerta y se dirigió hacia el fondo. ¿Qué esperaba encontrar? No había ningún cuerpo. Se acercó al enorme barril, aquel que no podía ser movido por orden de su tatarabuelo. Recorrió todo el borde del mismo dos veces, una en cada sentido, pero allí no había resortes, ni sistema de apertura ocultos, tan solo era un barril de madera, nada más. Recorrió toda la bodega despacio, mirando en cada rincón, debajo de todos los lugares que estaban algo elevados. No había nada. Algo más relajado se puso a silbar y abandonó el lugar.

            Tenía dos pasiones, una el vino, por ello llevaba una de las mejores bodegas de Castilla la Mancha, otra la lectura de novelas de ciencia ficción, no era bueno mezclar ambas cosas, sobre todo si uno se dormía leyendo una de ellas. Todo había sido un mal sueño, solo eso. Regresó sonriendo, casi se podía decir que a carcajadas. Su imaginación le había jugado una mala pasada. En cuanto entró de nuevo en la oficina se sirvió una copa del mejor caldo, la saboreó y la disfrutó como nunca. Era el mejor vino del mundo. Encendió el ordenador y abrió el programa de correo. Había tenido la idea de renovar la etiqueta de la bodega, hacerla más moderna, más acorde al siglo XXI y su diseñador había prometido enviarle esa misma mañana el nuevo modelo. Recorrió con la mirada la bandeja de correo entrante y allí estaba el que esperaba. Lo abrió y esperó que el dibujo se cargara. Al verlo palideció.

            Sobre un fondo verde, una piedra con incrustaciones brillantes se veía y a ambos lados de ella dos pequeños hombrecillos grises cabezones la custodiaban, Bajo ellos un lema: “un vino de otro mundo”. Uno de aquellas criaturas le guiñó un ojo cómplice…

 

 

 

 

 

 

 

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NUEVO RELATO FINALISTA, Y UN REGALO EN FORMA DE RELATO

Bueno, mientras espero el lanzamiento de mi nueva novela, me van llegando noticias de concursos en los que he participado y son buenas, en esta ocasión se trata del concurso de relatos de ciencia ficción y fantasía que organizaba Donbuk, en esta ocasión, además la alegría es doble puesto que otro de los relatos que comparte antología es de mi hermano. En cuanto tenga la portada la compartiré con vosotros. De momento besos y abrazos para repartir, y os dejo un pequeño relato para endulzaros la espera.

UN DIA CUALQUIERA

       El despertador sonó a las siete y media, me levanté y me dí una ducha rápida, como todos los días. Luego me preparé mi vaso de colacao con galletas. Junto a mis pies Roby daba vueltas con la lengua fuera, deseando que me decidiera a abrir la puerta de la calle para dar rienda suelta a sus instintos, como todos los días.

        Al abandonar el portal contemplo los camiones de reparto sobre las aceras, coches mal aparcados con las luces de emergencia encendidas, todo como siempre, miro el reloj, las ocho en punto, giro la esquina, como siempre, y es entonces cuando sucede lo increíble: todo a mi alrededor se detiene, hasta el sonido. Han pasado ocho horas y sigue el silencio, mientras contemplo impotente a millones de estatuas humanas que ignoran que su fin, ha llegado. Hoy no es un día cualquiera.

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DOS NOTICIAS

Bueno, siguen llegando buenas noticias de los concursos en los que voy participando y en esta ocasión es de un certamen de terror, he vuelto a ser finalista. El relato se titula “La Espera”, y tendréis que esperar un poquito hasta que lo revele, para cuando sepa la portada de la antología en la que saldrá.

Revista 1La otra noticia llega en forma de revista. Hoy he decidido abrir un poco más las posibilidades de darme a conocer, de llegar a otro público y he decidido crear mi propia revista en la que daré a conocer mis textos, mis libros, os contaré curiosidades sobre lo que me ha llevado a escribir, os pondré entrevistas que me hicieron, sinopsis de mis libros, y mucho más. Lo bueno es que la revista es gratuita y el primer número ya se puede ver, os pongo el enlace más abajo. El título de la revista es Pluma, tinta y papel, espero que os guste. Eso es todo por el momento, ahora besos y abrazos a repartir.

 

PLUMA, TINTA Y PAPEL Nº 1

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UN RELATO POR ENTREGAS (y VII)

3 de Agosto de 1865

Llevo varios días sin dormir, no me atrevo, sobre todo desde la noche que encontré mi cama incrustada en medio del muro. ¿Qué hubiese pasado si hubiese estado en ella? Mi secretario se ha ido, los sirvientes me han abandonado, y la casa cada día me parece más aterradora. Voy entendiendo que es lo que le llevó a Louis a la locura. Esta mansión es toda ella demencia y terror a partes iguales. Sé que lo que estoy escribiendo parece incongruente e inconexo pero la falta de sueño, unido a los tranquilizantes que he tenido que tomar para soportar los últimos días habrán ayudado algo. Hoy estaba vagando por las estancias sin rumbo fijo, simplemente comprobando el vaivén de los muros al moverse sorprendido por lo rápido que lo hacen sobre todo porque los objetos son atravesados limpiamente, eso me llevó a tocar aquellas paredes y creedme cuando os digo que tuve que retirar la mano. Aquello no era sólido, pero no quiero pensar que era. Cada vez que hay un cambio el sonido, ese que parece un latido de corazón, se agudiza. He comprobado los muebles después de que esa cosa los atraviese, y parecen no sufrir daño alguno, pero repito, no quiero que algo parecido me ocurra mientras duermo.

Durante ese paseo he visto algo que me ha sorprendido. Oculta bajo una alfombra he encontrado una trampilla, tan bien camuflada, que de no haber sido por uno de esos movimientos de los muros posiblemente no la hubiera encontrado jamás. Llevado por la curiosidad, y por el deseo de saber realmente que ocultaba en realidad esta casa, la abrí. Sentí un escalofrío al comprobar que se divisaba una mortecina luz, ya que no sé donde podía proceder. Empecé a descender aquellos escalones amorfos, con sumo cuidado para no tropezar y caer, mi asombro inicial se convirtió en miedo cuando comprobé que la luz tenue que iluminaba el largo pasillo en el que eme encontraba procedía de unas antorchas colocadas estratégicamente en varios puntos del corredor. Lo que no tengo ni idea es quién o qué las puso allí abajo y mucho menos como pueden permanecer encendidas. No recuerdo los metros que recorrí, pero me parecieron una eternidad. Finalmente llegué a un punto en el que el pasillo parecía dividirse en varios más y que se adentraban cada vez más en las entrañas de la tierra. Fue entonces cuando me sobresalté y un escalofrío recorrió mi espalda. Aquí los latidos eran más intensos, era como si el origen de ellos se encontrase en uno de aquellos numerosos agujeros que se perdían en la profundidad. Me asomé a uno de ellos y comprobé que también estaba iluminado de antorchas. No supe calcular su longitud, pero parecía no tener fin. Entonces escuché otro sonido que hizo que me pusiese en alerta. De otro de aquellos orificios surgía un sonido distinto. Intenté localizar cual era y al hacerlo me asomé. Juro que lo vi no se puede describir con palabras. Hui.

Intenté no mirar atrás. Aquella vermiforme abominación me perseguía y la superficie del pasillo era irregular por lo que todos mis sentidos estaban puestos en intentar no tropezar, y en rezar. Durante un instante noté su fétido aliento tras de mí, y sentí algo que me rozaba, fue el impulso que necesitaba para acelerar, sacar fuerzas de flaqueza y llegar hasta la entrada de aquel antro. Subí los escalones de dos en dos o de tres en tres y finalmente alcancé la trampilla. Justo cuando salía aquella cosa intentó hacerlo también pero tuve las fuerzas necesarias para cerrarle la puerta en las narices, si es que ese horror las tenía. Escuché algo que parecía ser un quejido pero tuvo que ser mi imaginación, los horrores como ese no pueden hablar, aunque lo correcto sería decir que no pueden existir. Y sin embargo ahí bajo el suelo de mi morada había algo que no puede ser de este mundo. Tardé varios minutos en recuperar el aliento y cuando lo hice otro escalofrío me recorrió. La casa había vuelto a cambiar, y si bien ya me había acostumbrado a esos cambios, esta vez era distinto: de las paredes surgía un lamento que me destrozó los tímpanos. Creo que me desmayé porque cuando abrí los ojos nuevamente, todo había vuelto a cambiar y ya no entraba luz por las ventanas. No quise dormirme, no podía. Así que me preparé una buena cafetera y me dirigí a mi despacho, allí pasé el resto de la noche.

A partir de este momento el diario se vuelve inconexo, escrito a trozos, sin relación prácticamente unos fragmentos con otros. ¿Por qué no lo leí antes? Pero ya nada se puede hacer. En el fondo me alegro de no haberme quedado en la mansión una sola noche como en su día pensé hacer. Creo que no sería capaz de soportar lo que aguantó mi tío. Si tan sólo con los instantes pasados en ella ya me provocaron graves trastornos, no quiero pensar que me hubiera ocurrido si llego a estar un día entero allí. Él quería saber qué fue lo que provocó la locura a Louis y no tuvo tiempo de darse cuenta de que la casa le estaba arrastrando a la misma demencia. No, no lo tuvo, como ya he dicho a partir de ese momento el diario es una serie de hechos sin conexión, narrados por alguien que lleva tiempo sin dormir, atiborrado de tranquilizantes y por qué no decirlo, de alcohol también. Al pensar en lo que sentí en aquel sótano, el miedo tan atroz que me envolvió, puedo imaginar lo que aquel hombre tuvo que sufrir, miedo no, pánico.

Él llegó más lejos que yo. El vio lo que yo solamente intuí, y ni siquiera eso porque salí corriendo de aquel corredor obsceno en cuanto tuve ocasión. Sé que aquellos túneles se adentraban en la tierra, y solo Dios sabe hasta donde llegarían, o si encerraban más terrores como el que mi tío vio, pero de algo estoy seguro, quién construyó la casa allí, no lo hizo por azar, o bien sabía lo que en aquellos oscuros pasajes se escondía, o bien… sólo de pensarlo me hecho a temblar: o bien aquella cosa le atrajo para que sobre aquellos túneles se construyera la mansión. Suena a locura, pero después de todo lo que viví y lo que he descubierto leyendo el diario, hasta me parece coherente.

Mi tío no aguantó mucho más tiempo. La locura, la falta de sueño, el alcohol y hasta las drogas que tenía que tomar, aunque no lo mencionase pero estoy casi seguro de que lo tuvo que hacer, acabaron por arrastrarlo a un mundo en el que sus sueños, sus pesadillas y la realidad se mezclaron y acabaron por ser una sola cosa. Ya he dicho que el diario se vuelve incongruente y casi ininteligible, los pocos trazos de cordura que se apreciaban en él, eran en momentos puntuales, tal vez en los pocos en los que se encontraba sereno, y cada vez eran más escasos, hasta que acabaron por desaparecer. Por cierto nunca se supo que pasó con él. No hubo cadáver, no se encontró su cuerpo, simplemente se le dio por desaparecido.

9 de Agosto de 1865

Todo da vueltas, la casa, las paredes, el jardín. Se me acaban las botellas de whisky, ya no me quedan ganas de seguir luchando contra aquello que desconozco. Oigo su voz, me llama, me necesita, quiere que le sirva, pero me habla directamente a mi cabeza, y eso me tortura. Abjesina otoparthecia suigarnes. Son sus palabras, las repito una y otra vez y siento como la casa vibra, como esa energía atraviesa el suelo y llega más allá, donde mora mi amo y señor.

¿Qué estoy escribiendo? ¿Qué me ocurre? ¿Qué extraña maldición encierra esta casa que me arrastra inexorable a un sinsentido? Ni siquiera soy consciente de haber escrito lo anterior. Sólo recuerdo… ¿Qué es lo último que recuerdo? No lo sé. Esta casa me arrastra a un sentido del que quiero escapar, pero no puedo. He estado repasando las últimas anotaciones y ni recuerdo haberlas plasmado en papel, ni recuerdo haberlas sufrido, pero algo tiene que estar pasando porque el aspecto de mi cara, mi cabello prematuramente encanecido, y mi rostro fatigado y lleno de arrugas, son buena muestra de ello. De lo que sí puedo contar es lo que me ha pasado hoy, y no sé si tiene relación con la locura que me acompaña en las anteriores páginas pero me ha provocado un escalofrío. Me encontraba en mis aposentos, delante de la enorme mesa escribiendo algo tampoco recuerdo que era, y miré por la ventana. Hace ya muchos días que me he acostumbrado a los cambios que se producen, no sólo en la casa, si no también en el del jardín, pero lo de hoy nunca había ocurrido. Como he dicho me encontraba en mi habitación y en un momento dado miré hacia la ventana. Debo decir que mis estancias se encuentran en la última planta de la mansión, y sin embargo cuando miré hacia la ventana vi… ¿cómo definirlo? En aquella parte del jardín no hay ningún árbol, tan sólo pequeñas plantas indefinibles, extrañas, aterradoras y repulsivas, pero todas se encuentran a ras del suelo. Cuando he paseado por entre ellas, he notado como se enredaban a mis pies, pero lo que me provocaba auténtico pavor era el gemido, sí el gemido, que producían cuando las pateaba para que se desenredasen. Pues bien una de esas plantas, una de esas abominables cosas se encontraba en el alféizar de la ventana, y aunque suene extraño, aunque parezca una locura, tuve la sensación de que me miraba, y que incluso sonreía. Golpeo el cristal varias veces, como para asegurarse de que la miraba y entonces… ¡Dios mío que difícil es de describirlo! Entonces algo parecido a una boca llena de afilados dientes se abrió, ¡en lo que instantes antes era una hermosa hoja verde! Me sobresalté y debo decir que casi me caigo del sillón desde el que escribo estas notas, pero juro que no era una alucinación, como sin duda lo son todas las otras cosas que cuento y de las que no soy consciente de hacerlo. Me froté los ojos, quería… no mejor, necesitaba saber que no estaba viendo visiones, pero allí seguía aquella cosa, luego desapareció. Seguramente la rama que había trepado, porque sin duda debió ser eso, volvió a descender. Corrí hacia la ventana, la abrí y me asomé al exterior.  Lo único que se vislumbraba era el aspecto habitual y aterrador del jardín. Pero otro escalofrío recorrió mi espalda: aquellas malditas plantas se reían. Oía sus carcajadas, pero eso no puede ser, las plantas no se ríen…

Ya está de nuevo aquí. Oigo como se frota contra las paredes del sótano, casi puedo oler su fétido aliento. Me llama, me reclama, necesito acudir a su llamada…  oh maestro pídeme que necesitas y te lo daré… mi sangre, mi vida o la de los demás, todo te daré si me lo pides… Haj mantejar abseicualler, soy todo tuyo… siento tun presencia…

10 de agosto de 1865

Ya no soy consciente de mis actos. Sé que he escrito esto porque es mi letra, pero está tan temblorosa y desdibujada que no estoy seguro del estado en el que me encontraba cuando lo hice. Y ya no sé si es real lo que escribo o son imaginaciones. Entre botella y botella no tengo muchos momentos de lucidez, pero sé que algo pasa, y lo de la planta estoy seguro de haberlo visto, de haber sido testigo de semejante atrocidad, en cuanto al resto… pero es mi letra. Aunque hay algo que me tortura más y más… es mi letra, pero también ¡es mi sangre! He estado escribiendo con ella, lo sé porque tengo varios cortes por todo el cuerpo, algunos ya han cicatrizado y otros están en ello, pero también por otra razón: yo no tengo tinta rojo, y es ese color el que predomina en esos instantes en los que mi cuerpo, mi mente y mi alma seguramente se

Hay acaba todo. No hay nada más. No sé que le ocurrió, nadie lo sabe. El resto de papeles era un sinfín de facturas, de cartas, informes contables, escrituras de la casa y otros papeles sin importancia. Pero la caja en la que todo estaba metido no es normal. Ya he dicho que el primer día que la toqué noté algo extraño, que no supe definir y que achaqué a los nervios del momento, pero ahora sé que mi primera impresión era correcta. Está fabricada con piel humana, desconozco su antigüedad, pero hay algo que me aterra: son fragmentos distintos, de varios colores y texturas, como si cada uno de ellos perteneciera a una persona distinta. Y late, por increíble que pueda parecer ya que no tiene ningún corazón. Por eso cuando puse mi mano por primera vez en ella noté algo repulsivo, pero ahora hay algo que todavía me aterroriza más. En uno de los laterales de la caja ha aparecido un hueco, un pequeño espacio en blanco en el que no hay piel como en el resto, incluso se diría que se puede ver el cartón debajo del forro, por así decirlo, pero lo aterrador, lo que está haciendo que la locura se esté apoderando de nuevo de mí, ahora que empezaba a alejar los terrores de la casa ligeramente, es que sobre mi brazo ha aparecido un hueco exactamente de la misma forma y tamaño que el que hay en la caja. La cicatriz que lo rodea supura un pus amarillento verdoso que hiede mal. Sé que ese trozo es el que le falta a la caja y que acabará formando parte de ella, latiendo junto con los demás y formando un solo organismo.

He intentado deshacerme de la misma de varias formas y es inútil. Siempre acaba volviendo al armario del despacho de mi oficina donde la guardé el primer día. La he arrojado al vacío, he pasado por encima de ella con las ruedas de mi coche, la he dejado abandonada a varios kilómetros de mi casa e incluso le he prendido fuego. Nada ha funcionado. Además sigo teniendo las horribles heridas que me hice cuando tropecé en los escalones del sótano, siguen sin cerrar y continúan teniendo ese color feo y soltando ese líquido extraño. Pero hay algo aún peor que todo eso.

Lo he oído, en mi cabeza, tal y como le había sucedido a mi tío. Aquella cosa de la casa me llama, me reclama… y no puedo rechazarla.

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MIS OTROS RELATOS (y XIII)

sensacionesBueno a punto de sacar mi última novela, me entero que han vuelto a elegir un relato mío para una antología, y alegría doble ya que otro de ellos es de mi hermano. Espero que os guste. Besos y abrazos a repartir.

ESTREMECIMIENTO

Tus dedos recorren ágiles mi piel. Se recrean en cada centímetro de mi cuerpo, sin dejar nada sin ser explorado. Sentimientos encontrados, gemidos reprimidos, placer silencioso. Todo se puede explicar con una sola palabra: estremecimiento, es lo que tu presencia me provoca, es lo que tu pasión desata en mí.

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UN RELATO POR ENTREGAS (VI)

            -¿Qué está pasando aquí?- exclamó un hombre a mi lado.

            -¿Qué es esta casa?- dijo otro.

            Entonces un ruido, aun mayor que los anteriores hizo que girásemos nuestras cabezas en dirección a la casa. Lo que presenciamos no se puede describir con palabras, o al menos yo no puedo hacerlo puesto que todavía sigo temblando cuando rememoro lo que vimos. La casa entera explotó y desapareció. Pero lo que nos llenó de pavor fue la abominación que surgió del hueco que la explosión había dejado. No sé qué era, pero no era de este mundo, aquí no hay nada conocido con ese aspecto. Huimos por puro instinto, salimos corriendo sin pensar si quiera en los pobres indefensos que dejábamos atrás sobre el suelo del jardín, inconscientes. Los vecinos de las casas vecinas salieron ante el estrépito que se estaba formando y muchos de ellos cuando vieron la obscenidad que intentaba abrirse paso a pocos metros de sus viviendas volvieron a introducirse cerrando puertas y ventanas.

            Corrimos sin mirar atrás todo lo rápido que nuestras piernas, no acostumbradas a semejantes esfuerzos, nos permitían y finalmente, agotados nos detuvimos. Yo fui uno de los primeros en hacerlo ya que la falta de ejercicio en mi vida es una constante. Cuando recuperé algo de aliento, me giré de nuevo en dirección a la mansión. El pánico me recorría, pero al mirarla esa sensación de terror que me invadía se cambió en sorpresa: la casa estaba entera, aterradoramente entera, y no había ninguna criatura abominable en las cercanías. Grité al resto de hombres que seguían corriendo que se detuvieran y aunque algunos lo hicieron a regañadientes, otros continuaron con su alocada y desenfrenada huida. No volví a verlos. Poco a poco emprendimos el camino de regreso, pensando, por primera vez desde que nos alejamos, en los que se habían quedado en el jardín. Movidos inconscientemente por ese pensamiento, poco a poco aligeramos nuestro paso hasta que llegamos a la escena del crimen, por así decirlo. Vi algunas sombras de curiosos tras las cortinas de sus casas, pero nadie salió a cotillear, parecían aterrorizados. La verja, que habíamos dejado abierta en nuestra desesperada carrera por la salvación estaba cerrada y tuve que sacar la llave de mi bolsillo para abrirla de nuevo. Al hacerlo nos precipitamos en el jardín para comprobar que había sido de los pobres hombres que dejamos allí pero no había rastro de nadie. Corrimos hacia la parte trasera y más de lo mismo: nadie. No podía ser. Estábamos asustados, aturdidos y sin saber que hacer.

            -Mire amigo- dijo uno de los hombres- no sé lo que ha pasado aquí ni quiero saberlo, pero nos largamos. No hace falta que nos pague nada. He perdido a unos cuantos de mis trabajadores y no tengo ni idea de cómo voy a explicárselo a sus familias, pero nunca he visto nada parecido.

            -Yo tampoco- dije yo.

            Sin decirme nada más recogieron todas las cosas, se montaron en sus furgonetas y se alejaron. Tampoco he vuelto a verlos. Cuando me encontré de nuevo solo, exploré con detenimiento todo el perímetro de la casa y sobre todo las zonas donde estaban los cuerpos de los desdichados que murieron. No había ni el más mínimo rastro de sangre. Era como si nada hubiese pasado. Me adentré en la casa y miré cada una de las habitaciones, todo estaba igual, si es que la palabra igual en un sitio en el que todo cambia de sitio es la más adecuada. Pero lo más sorprendente es que no había nada que indujese a pensar que la casa había explotado, porque eso es lo que vimos todos. Pero todo parecía tranquilo. Me detuve en el salón y aquel temblor, aquel latido que ya había notado otras veces, me hizo compañía. Entonces se produjo algo que me erizó el pelo de todo el cuerpo. Oí una carcajada, juro que era eso, que se alejaba en las profundidades del sótano, una carcajada de victoria, de aterradora victoria.

            Aquel día abandoné la casa y hasta entonces no he vuelto. En algunas ocasiones he ido a preguntar a los vecinos más cercanos que fue lo que vieron aquel día, pero nadie quiere hablar de ello, todos se muestran asustados y algunos no me abren ni la puerta. Parezco un apestado. Sé que cuando me alejo miran de reojo por entre las cortinas y puedo ver en sus rostros una mueca de terror.

            Desde aquel día me acompañan extrañas pesadillas todas las noches y mi trabajo se ha visto afectado por esa falta de sueño, pero no fue hasta pasados varios días de aquel incidente que me acordé de la extraña caja que guardé y de aquellos papeles que contenía. Ahora me arrepiento de no haberlos leído antes ya que nunca habría puesto los pies en aquella mansión demencial y sobre todo nunca me habría embarcado en la aventura de reformarla. Me torturan las muertes de aquellos trabajadores, siento el peso de la culpa sobre mí. Pero cuando acabé de leer aquel legajo de papeles, algo nuevo me invadió: la impotencia. Ahora entiendo el motivo por el que mi lejano tío quiso deshacerse de aquella casa y por qué no pudo, entiendo también que nos la dejase en herencia, nadie en su sano juicio querría semejante abominación. También soy consciente que nunca conseguiré venderla, ni alquilarla, nadie querrá vivir allí y yo el primero.

            Ha llegado el momento de contar lo que en aquella caja encontré. Era el diario de Jean Pierre Rochelle. Ya he dicho que cuando supe que era un tío lejano intenté localizar información sobre él. Fue un gran esfuerzo pero mereció la pena. Aunque ahora sé que todo lo que se dice de mi pariente se aleja mucho de la verdad. No murió, y no es que esté diciendo que sigue vivo, simplemente se volvió loco, aquella mansión lo llevó hacia la demencia, y un buen día desapareció. Sin más. Cuando pasaron los años sin noticias de él, su abogado decidió abrir el testamento. El resto ya lo sabéis. Me ha costado mucho decidirme a plasmar lo que aquellas páginas encerraban, pero era necesario para aliviar mi apesadumbrada alma de la carga que llevaba.

25 de Julio de 1865

Hoy he tomado posesión de la casa, y debo confesar que su aspecto me impresiona. Al verla entiendo el motivo por el que mi buen amigo Louis, estaba enamorado de ella. Pero necesito saber por qué ese amor le arrastró a la locura. Tenía intención de quedarme a pasar la noche allí antes de traer todo el equipaje, pero a pesar de que la impresión ha sido buena, ha ocurrido algo que ha hecho que lo piense mejor. Puede parecer una locura y por eso quiero dejarlo por escrito, para apaciguar mi alma inquieta. Cuando rodeaba la casa para explorarla completamente, me ha parecido oír un crujido y un lamento, y cuando me alejaba de ella para volver al coche que me tenía que llevar de vuelta al hotel, me pareció escuchar algo parecido a una carcajada y al volver mi vista hacia la finca me dio la impresión de que algo había cambiado aunque no sabría muy bien como definirlo. Es cierto que a medida que nos alejábamos de allí, me sentía… aliviado, esa es la palabra, pero ¿de qué? No puedo explicarlo con más detalle, pero he sentido como si un peso se alejase de mi corazón. No lo entiendo. Es una bella propiedad y me alegro de que mi amigo me la dejase en su testamento, ya que no tenía familiares. Bien es cierto que nuestra relación se fue enfriando con los años, sobre todo en los últimos, aquellos que pasó en ella, en los cuales sus cartas eran cada vez más distanciadas en el tiempo y sus palabras más incoherentes e inconexas. Esa es la razón por la que he aceptado la mansión, necesito saber que fue lo que le arrastró a la locura. La casa es hermosa, habría que arreglar un poco el jardín y darle una mano de  pintura a la fachada, pero de ahí a considerarla la aberración que Louis comentaba, media una gran distancia.

Escribo estas líneas en la habitación del hotel, después de un buen baño y una cena caliente, pero me noto extraño, noto que las manos me tiemblan ligeramente pero la temperatura es agradable y no puedo achacarlo al frío. Creo que lo mejor que puedo hacer es dormir un poco y relajarme, los nervios por visitar mi nueva casa puede que me estén pasando factura. Mañana me instalaré en ella, tal vez invite a algunos amigos para celebrarlo.

26 de Julio de 1865

            No he dormido bien. No lo entiendo. Normalmente suelo tener un sueño reparador, pero esta noche la he pasado dando vueltas en la cama, inquieto y los pocos momentos en los que caía en brazos de Morfeo, me despertaba envuelto en sudor frío; sé que se trataba de pesadillas, pero no recuerdo el contenido de las mismas. Supongo que una parte de esa inquietud estará provocada por los nervios al pensar en volver a ver mi nueva residencia, pero sé que hay algo más. Mi secretario me ha comunicado que ya está todo preparado para partir, pero antes de hacerlo necesitaba escribir estas pocas palabras, y pongo a Dios por testigo que ha servido para  tranquilizarme un poco. Proseguiré con este diario esta noche, una vez me haya instalado definitivamente.

                Unas horas más tarde:

Esta casa es extraña, en el interior los crujidos y los lamentos son más intensos, y pueden llegar a aterrorizar. Pero todo se queda pequeño con lo que pasa en su interior. La casa se mueve, los muros agrandan o empequeñecen las estancias a voluntad, pero además de todo eso parece girar en un extraño eje, ajeno a la física. Lo he comprobado cuando he abandonado mis aposentos y he intentado volver a ellos, la disposición del pasillo, y de la propia habitación había cambiado. El personal que tenía contratado, ha salido huyendo gritando que la casa estaba embrujada y no han vuelto a aparecer. Mi secretario ha mantenido el tipo más rato, pero cuando su propia habitación ha sufrido también esos extraños cambios, me ha rogado, casi suplicado, el volver al hotel hasta mañana. Confieso que al principio creía que todo era producto de los nervios y las supersticiones de trabajadores de otros países, pero es cierto, esta casa sufre constantes variaciones en tamaño, y los ruidos que acompañan a todo ese movimiento no son normales. He decidido quedarme. La curiosidad puede más que la sensatez y la cordura y aunque siento un estremecimiento en cada metamorfosis, necesito saber que causa las provoca. He accedido a la petición de mi secretario pero a condición de que se incorpore a primera hora de la mañana, entre otras razones para que se encargue de seleccionar el personal que necesito para la casa. Ahora que se han ido todo y el silencio envuelve todas las estancias, parece que todo está tranquilo. Hace varios minutos que nada se mueve, sé que suena aterrador pero es como si la casa durmiese, como si aquello que provoca los constantes cambios estuviera aletargado durante la noche, pero ahora hay otro sonido que me tiene hipnotizado. Al principio era una ligera vibración pero luego se ha convertido en algo rítmico, y tan constante que lo que voy a decir puede ser una locura pero parecía un corazón, un enorme corazón. No quiero parecer un chiflado pero la certeza de que esta mansión está viva crece en mi corazón. Puede que esto fuese lo que provocó la locura de Louis, pero me parece tan irreal y tan fantástico a la vez… Tengo sueño, pero no me atrevo a dormir, me da miedo que la casa cambie de nuevo mientras lo hago y quede atrapado entre los muros sin poder escapar, pero debo descansar e iniciar mañana una búsqueda que me aclare este sinsentido.

Durante varios días el relato es similar, pero a medida que avanza en el tiempo la letra se vuelve más insegura, temblorosa y se ve claramente que los nervios empiezan a tomar posesión de él. Yo que ni siquiera llegué a pasar una noche entera en la casa, soy consciente de lo que la misma ha provocado en mi espíritu, pero no puedo llegar a imaginar lo que pudo provocar en el suyo, habiendo pasado no una sino muchas noches en su interior. Poco a poco fui descubriendo que el nuevo personal que contrataba, se marchaba con la misma celeridad que el anterior y finalmente el secretario personal también lo hizo. Apenas estuvo una semana en aquella casa del horror. He investigado y he intentado localizar a algún pariente de aquel hombre que sirvió con tanto celo a mi tío, pero todos se niegan a hablarme de la experiencia que vivió en aquel sitio y que sin duda les transmitió. Se santiguan cuando menciono la finca y algunos mencionan al diablo, pero nadie quiere hablar. Y las familias que trabajaron en el servicio hace tiempo que dejaron este país sin dejar ninguna pista, es como si hubiesen huido con el rabo entre las piernas.

Ya sé que las fechas del diario son antiguas para llamarlo mi tío pero se trata de esos tipos de parentesco difíciles de definir. También he intentado localizar a algún familiar de Louis o algún descendiente de los hombres y mujeres que trabajaron para él, pero de los primeros no hay nadie, por eso dejó en herencia la casa a mi tío su mejor amigo; y de los segundos ocurre algo parecido a aquellos que trabajaron para Jean Pierre, se marcharon sin dejar huella. Lo que en aquella mansión ocurría era demasiado terrible para aquellos supersticiosos que pensaban que el diablo había poseído la casa. Afortunados ellos que desconocían la verdad, todavía más aterradora de lo que aquella mansión encerraba. Ojalá esa verdad nunca hubiera salido a la luz, pero es tarde para lamentos. Me siento culpable de lo sucedido, sobre todo sabiendo que he tenido estos papeles en mi mano tanto tiempo, y no los he ojeado. Ahora entiendo la extraña sensación que recorrió mi cuerpo el primer día cuando toqué la caja que contenía todos estos documentos. Era una advertencia, un aviso, no sé de quién, pero ojalá hubiese sido capaz de darme cuenta en su momento.

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