MIS OTROS RELATOS ( y XXVI)

vestido negro

Tan solo anunciaros que un nuevo relato mío ha sido seleccionado, en esta ocasión en el V certamen de terror de la Editorial Donbuk, y aquí lo comparto con vosotros, besos y abrazos a repartir.

JUAN 11: 41-44

Caminaba despacio. No tenía prisa, lo que iba a ocurrir era inevitable, así que no merecía la pena ir rápido. Vestía completamente de negro, desde el sombreo de ala ancha que llevaba, hasta los zapatos pasando por el abrigo de cuero negro largo que le llegaba hasta los tobillos. Solo había un detalle que le molestaba y es que, para su gusto, el sol lucía en exceso. Sonrió, si algo le gustaba era anunciar su presencia a cada pueblo al que iba, así que sacando la mano del bolsillo chasqueó los dedos y poco a poco el cielo fue oscureciéndose, hasta que todo cuanto abarcaba la vista se llenó de unas nubes negras que no auguraban nada bueno. Volvió a sonreír, pronto habría tormenta, la más violenta que aquel pequeño pueblo habría visto nunca. Como señal de llegada, aquella era la mejor.

En el pueblo, al que la rapidez con la que la oscuridad lo estaba invadiendo todo, la campana de la iglesia empezó a sonar, para congregar a la feligresía. No era la hora habitual de las misas, pero al parecer ese cielo negro era un presagio al que no estaban acostumbrados, y el cura parecía ser del mismo parecer, por eso tañía la campana, sabedor de que sus fieles eran tan supersticiosos como él. El mal presagio solo podía suponer que el maligno estaba cerca, eso solo se podía combatir de una manera, celebrando misa en el recinto más sagrado del lugar: la iglesia. No faltaría nadie, era un pueblo pequeño y todos tenían la misma fe, acudirían sin dudarlo.

En cuanto oyó el tañido sonrió con más ganas, nunca fallaba. Mejor, así estarían todos juntitos. Se regodeaba en su suerte. No había pisado todavía la localidad y sus habitantes ya temblaban de miedo, en cuanto lo vieran en acción no solo sentirían miedo, también sentirían terror. Se detuvo un instante olisqueando el cielo como una bestia salvaje y volvió a sonreír. Ese terror se podía oler si uno era capaz de saber a qué olía, y él podía y ese olor era el más gratificante de todos.

Las puertas de la iglesia se cerraron, en el interior todos los allí reunidos, el pueblo entero o casi, mostraban en sus rostros lo apesadumbrados que se encontraban. Miraban de un lado a otro con impaciencia, con nerviosismo sin posar en ningún momento la vista en un mismo lugar durante varios segundos. A través de los ventanales y de las vidrieras se podían ver los primeros relámpagos y a cada trueno los muros parecían temblar. Se santiguaron, no una ni dos, innumerables veces. El cura encendió el micrófono, aunque no era necesario ya que la acústica del templo era excepcional, pero quería dar énfasis a lo que tenía que contar.

En el mismo instante en el que el primer rayo cayó, el abrió la puerta. Nadie se giró para mirarlo tan abstraídos se encontraban, ni siquiera el cura. Ni las ráfagas de viento que se introdujeron en la iglesia en ese momento alteraron lo más mínimos a los feligreses. Se sentó en el último banco y se dispuso a escuchar lo que aquel hombrecillo calvo tenía que contar. El cura ajeno al hombre que había entrado continuaba con la homilía con la que estaba regando los oídos a lo allí reunidos, basada en Juan 11:41-44, el pasaje de la resurrección de Lázaro, dando a entender que la oscuridad en la que se encontraban era la muerte y que al igual que el personaje bíblico, esta desaparecería para dar paso a la resurrección a la vida, a luz del sol. En ese momento la voz del hombre vestido de negro se oyó con total claridad.

-Paparruchas.

-No sé quién es usted, pero no voy a consentir que en mi iglesia…

No pudo acabar la frase. La Biblia que estaba situada en el atril, flotaba en el aire, agitando sus hojas como movidas por un viento que allí dentro no existía, y de repente, a un chasquido de los dedos de aquel personaje, estalló en llamas y las cenizas cayeron sobre el suelo. Fue la señal para que todo el mundo se girase hacia aquel hombre que ya se levantaba y se dirigía hacia el púlpito donde el cura palidecía por momentos.

-Paparruchas- volvió a decir, en esta ocasión a escasos centímetros del altar.

Se giró y miró a los congregados. Todos tenían el miedo dibujado en sus caras. Sonrió, aquello cada vez le gustaba más. El cura intentó detenerlo, diciendo que no se podía hacer eso en su iglesia, y fue lo último que hizo. Su cuerpo salió despedido y se empotró contra la pared del fondo, con los brazos extendidos, como una caricatura de la imagen del crucificado que se encontraba cerca. Tan incrustado se encontraba que no se pensaría que formaba parte del muro, sino fuera por la sangre que empezaba a manarle y corría por la blancura de este.

Como un resorte todos los feligrese empezaron a correr, a gritar a intentar alcanzar la puerta que consideraban de su salvación antes que aquel hombre desconocido pudiese hacerles algo a ellos, pero no lo lograron, cada uno de ellos fue izado por un cable invisible, colocándolos de nuevo en los asientos que ocupaban y por mucho que quisieran no podrían moverse, una fuerza desconocida los mantenía pegados a sus bancos, mientras que sus ojos abiertos de par en par no parpadeaban y estaban fijos en el hombre que se movía con lentitud, cerca del altar.

-Ese relato de la resurrección es muy bonito, ¡oh sí!- dijo- pero hay otra parte de esa historia que no os contado y que, sin embargo, es más importante que lo que conocéis. Tiene sus consecuencias, terribles. Por cierto, no me he presentado, me llamo Lazarus, aunque en ese pasaje me llaman Lázaro. Sí soy yo, el mismo que aparece en esa historia, el mismo que venció a la muerte y volvió a la vida.

En ese instante cinco de los allí presentes fueron lanzados hacia arriba, a un gesto de Lázaro uno de ellos empezó a devorarse a sí mismo, otro empezó a despellejarse, en tiras desde la cabeza y fue bajando. Ninguno gritaba. Con otro gesto de aquel hombre ataviado de negro, un cuchillo salido de no se sabía dónde, de un tamaño descomunal y moviéndose a una velocidad vertiginosa, empezó a trocear a otro de aquellos cuerpos que levitaban. Cuando sus trozos, no más grandes que una moneda cayeron al suelo, todavía se movían, no habían tenido tiempo de asimilar que ya solo eran carne muerta. Los otros dos que quedaban fueron chocando entre sí cada vez con más virulencia.

-Vencer a la muerte tiene sus cosas buenas- seguía diciendo Lázaro- hasta que ves que todos tus familiares y amigos mueren y solo quedas tu. Entonces te das cuenta de que hay algo mucho mejor que vivir eternamente: matar eternamente. Solo así recuperas un poco, la alegría de la vida. Y eso es lo que hago, matar, sin mirar a quién o cómo. Disfruto con cada una de esas muertes. Vosotros -dijo señalando a los que permanecían sentados- vais a ser más afortunados que ellos -dijo señalando hacia arriba- vuestra muerte será menos dolorosa.

Se encaminó hacia la puerta que, al acercarse, explotó hacia afuera, en ese momento todos los hombres, mujeres y niños allí reunidos, ardían y se consumían. Lázaro les había engañado, todos iban a tener un muerte terrible y dolorosa. La tormenta estaba en su máximo apogeo y sonrió. Cruzó el umbral y se sentó en el primer escalón. Una de las puertas se había estrellado contra el edificio de enfrente, la otra había partido por la mitad a Peter, el único habitante que no había acudido a la iglesia y que se guarecía como podía de la lluvia bajo una marquesina de autobús. Nadie podía quedar con vida. En la cabeza de Lazarus resonaron unas palabras que más de 2000 años antes le dijera Jesús: “Levántate y anda”, sonrió y eso fue lo que hizo, levantarse y andar. Los cristales de la iglesia implosionaron y el agua empezó a entrar por el hueco que habían dejado en las paredes. Con las manos en los bolsillos, Lázaro proseguía su camino, sin mirar atrás, sin remordimientos.

Publicado en RELATOS | Deja un comentario

MIS OTROS RELATOS (y XXV)

Nuevo relato finalista en un concurso, en esta ocasión en el cuarto concurso DONBUK de relatos de terror. Siempre es de agradecer que una de tus historias acabe en un libro, pero desgraciadamente ya no se puede adquirir, ya que la antología en la que aparece ya está agotada, pero tranquilos, tampoco lo ibais a comprar, por eso he decidido publicarlo en mi blog. Besos y abrazos a repartir.

Asesinato, Portada, Libro, Forense

COSAS DE CRÍOS

Llevaba tres días con sus noches llorando. Hay cosas en la vida que cuesta superar y aquella era una de ellas. Un maldito camión, se llevó por delante el coche que conducía su marido, no se pudo hacer nada. Cuando los bomberos llegaron al lugar del accidente para sacar los restos, no lo tuvieron fácil. Aquello era un amasijo de hierros y restos humanos, no se sabía dónde acababan unos y empezaban otros. El camionero, al que las exigencias de su jefe le habían hecho estar más de quince horas ininterrumpidas conduciendo, se había quedado dormido y se había cruzado al carril contrario, con la terrible fatalidad de que se llevó por delante la vida de aquel pobre hombre, cuyo único delito había sido circular por aquella carretera en aquel preciso instante.

Nada ni nadie podía consolarla. Aquel hombre bueno, justo, amable y cariñoso que había sido su marido, no volvería. No escucharía de nuevo la sonrisa franca y sincera de Pedro, ni vería aquellos ojos azules tan profundos en los que se perdía cuando lo miraba. Ni sentiría el contacto de aquella piel bronceada, curtida por los rayos del sol que, con solo rozarla, le hacía aflorar ese deseo apasionado que siempre fue su compañero de viaje. Ni siquiera la presencia de Julián, su angelito, su pequeño de apenas cuatro años fruto de uno de aquellos apasionados encuentros, podía ayudarla a superar aquella puñalada que había supuesto la pérdida de su marido.

Tan solo salió de la cama en la que permanecía desde que le dieron la noticia, para darle el último adiós a su marido en la iglesia donde se celebró el funeral, luego volvió a su habitación y allí permanecía, empapando con sus lágrimas una almohada que era su único consuelo. No quería visitas, no quería que la molestaran, de hecho, lo único que ansiaba era que la muerte, a la que veía como una compañera, la arrastrara para estar junto a Pedro. Eso es todo cuanto pedía.

-Quiero estar con mi mamá- decía Julián a su abuela mientras merendaba.

-Luego, ahora tu mamá, no se encuentra bien.

-¿Mi papá está en el cielo?- dijo de repente el pequeño con aquella inocencia propia de los niños.

Su abuela le miró a los ojos, eran azules como los de su padre, llenos de vida, pero con un halo de melancolía desde que su padre falleció. El concepto de vida o de muerte para los niños es algo difuso, algo que no acaban de asimilar, y todo lo que sabía es que su padre ahora estaba en un lugar mejor, un lugar donde no era triste, donde todo era alegría, un lugar al que le decían cielo. Una lágrima rodó por la mejilla de aquella mujer que intentaba que Julián comiese su pan con chocolate y le dijo:

-Si alguien merece estar en el cielo, ese es tu padre, no habrá nunca nadie tan bueno como él.

-¿Y estará feliz?

-En el cielo todos son felices, cariño.

El pequeño bajó la cabeza, pensativo, mientras daba pequeños bocados a aquel trozo de pan y aquellas onzas de chocolate. Parecía un pequeño hombrecito, con las ropas que le habían puesto para la terrible ocasión. Aunque la camisa, otrora blanca, ahora mostraba manchas aquí y allá. La abuela se levantó, se acercó a la puerta donde descansaba su hija y solo escuchó el sonido de sus gemidos. El golpe había sido demasiado duro. Solo esperaba que pudiese recuperarse pronto, aquel angelito la necesitaba, y ella también. Volvió a la cocina, le preguntó al pequeño si quería jugar un rato, pero dijo que no le apetecía que lo quería era dibujar, así que se marchó a su habitación, donde cogió un cuaderno, sus lápices de colores, se tumbó en el suelo y empezó a llenar aquella hoja en blanco con los garabatos propios de un niño de su edad. La abuela desde el quicio de la puerta le miró, y sonriendo se dijo para sus adentros viendo aquellos trazos difícilmente definibles:

-Cosas de críos-

Tras recoger un poco la cocina, se marchó a su habitación, pero el cansancio del día, la dureza de todo lo ocurrido le pudo y casi sin quererlo se quedó dormida.

Dos horas más tardes aquel niño, cansado de pintarrajear, se levantó, llamó a su abuela y viendo que esta no contestaba salió a buscarla. Al pasar junto a la puerta de la habitación donde descansaba y viendo que estaba entreabierta se asomó. Vio como dormía y no quiso molestarla. Luego se encaminó hacia la de su madre. No hacía falta acercarse mucho para oír los lamentos, los suspiros que aquel cuerpo lleno de dolor emitía. Volvió sobre sus pasos, tenía sed así que cuando pasó junto a la puerta de la cocina entró y aunque sabía que no debía coger las cosas de cristal el solo, cogió un vaso, se acercó al grifo y llenó el recipiente. Se sentó en una de las sillas de la estancia y vació el vaso con pequeños sorbos. Cuando acabó dejó el vaso en el fregadero y cuando se disponía a salir de la cocina una idea cruzó por su cabeza.

Cosas de críos.

Poco después abría la puerta de la habitación de su madre. Seguía sollozando y ni siquiera se había dado cuenta de que alguien había entrado.

-¿Mamá?- preguntó.

Por única respuesta el quejido lastimero de su madre, un suspiro profundo, y más sollozos. Se acercó a la cama. A la tenue luz de la lamparilla de la mesita de noche, un objeto entre las manos del niño brilló. Se subió a la cama y clavó una y otra vez el cuchillo que había cogido en la cocina en el cuerpo inerte de su madre, que ni siquiera se molestó en moverse, dejándolo clavado justo en el corazón. Aquella última puñalada fue la que acabó con su vida. El niño se acercó a su madre le dio un tierno beso y le susurró al oído:

-Ya no tienes que llorar más, mamá, ahora estarás en el cielo, con papá y serás feliz.

Con una tierna sonrisa, salió de la habitación, se fue a la suya, se tumbó en la cama y se durmió. Cosas de críos.

Publicado en RELATOS | Deja un comentario

NUEVA ENTREVISTA

El pasado día 1, me hicieron una entrevista y ahora os comparto el enlace de YOUTUBE para que podáis verla y de paso dadme vuestra opinión. También quiero deciros que no cambia nada, sigo sin escribir nada y sin ganas de ello, pero eso no quita que lo que tengo publicado lo publicite, así que os animo a comprar mis libros para un regalo o para vosotros y como siempre digo, besos y abrazos a repartir.

ENTREVISTA A PEPE RAMOS

Publicado en ENTREVISTAS | Deja un comentario

MIS OTROS RELATOS (y XXIV)

Antes de nada quiero pedir perdón por no haber acabado con el reto de un relato al día durante un mes. Tuve un problema con el portátil y me fue imposible acabarlo, pero hoy os compenso con un relato especial. Por primera vez en un concurso, he acabado tercero, en este caso se trata de un concurso organizado por DONBUK para el encuentro de escritores y que ha sido publicado en la antología el primer porqué. Desgraciadamente ya se encuentra agotada, pero os traigo el relato con el que participé. Esto no quiere decir que haya vuelto a escribir, creo que eso no volverá a suceder, pero me hace ilusión saber que un día quedé tercero en algo. Besos y abrazos a repartir. Y ahí va el relato.

EL VIEJO SALOON

image

Mike llevaba ocho horas cabalgando y tanto él como su montura, el precioso Roney, empezaban a mostrar síntomas de fatiga. Se dirigía a Townstone City, un pequeño pueblo perdido entre las arenas del desierto, cuyo único interés y el motivo por el que había sido construido, era la mina de oro que se había encontrado no hacía mucho. En cuestión de unos meses había crecido de la nada hasta convertirse en lo que ahora era, un pueblo lleno de vida, pero perdido en medio de la nada. Tan solo dos diligencias entraban y salían del pueblo, una por la mañana, otra por la noche. Si alguien, como él, quería acceder al pueblo fuera de los horarios de las mismas tenía que hacerlo por sus propios medios.

El sol golpeaba con fuerza, a pesar de que había empezado el camino temprano y no había parado salvo para dar de beber al jamelgo, el sol cada vez más alto en el cielo calentaba de lo lindo. Si no encontraba pronto el maldito pueblo, no sabía muy bien que hacer ya que no tenía plan B. Entonces, a lo lejos apareció la silueta de un edificio. No se alegró de entrada, ya que pensaba que se trataba de un espejismo, tan propio de los lugares áridos como en el que se encontraba. Pero a medida que se acercaba, crecía en tamaño, pero no acababa de convencerse del todo, ya que era un único edificio, no parecía haber nada más ni en las cercanías ni en kilómetros a la redonda,

Cuando lo tuvo delante un suspiro de alivio se escapó entre sus dientes ennegrecidos por el tabaco y la falta de higiene. TIM SALOON, se podía leer justo sobre la puerta. Había un abrevadero para que el caballo pudiese beber y un lugar en el que atarlo justo al lado, pero salvo él no parecía haber nadie más en aquel edificio de madera vieja y desgastada que tenía ante sí. Desmontó y dejó a Roney atado, y raudo como era no tardó en meter el hocico en aquella agua limpia y fresca del abrevadero. Mike suspiró, se subió un poco los pantalones y tras empujar con sus manos las puertas abatibles tan propias de aquellos antros, entró. No había duda, no era ningún espejismo, era un lugar real, sólido, viejo y algo destartalado, pero a juzgar por el ruido de sus zapatos golpeando el suelo, real.

No había nadie dentro, salvo el hombrecillo detrás del mostrador y él. El lugar estaba limpio, se notaba que tenía muchos años a sus espaldas por el aspecto general de la madera, pero no había polvo sobre las estanterías de los licores, ni sobre la mesa, ni en las maderas sobre las que caminaba. El hombrecillo sonrió al verlo entrar y en cuanto se hubo sentado aquel forastero en un de los taburetes de la barra, le preguntó que deseaba tomar. Mike lo pensó un rato y dijo:

-Un whisky, doble, con hielo y algo para comer.

Por única respuesta, tres segundos después tenía junto a su mano, un vaso ancho, con tres cubitos de hielo y un líquido dorado en su interior. Pasados unos minutos, un delicioso bistec de ternera, en su punto, con patatas fritas era colocado por aquel hombrecillo. Mike le miró, y este le sonrió. Probó un poco y solo podía decir una cosa, y es que nunca había comido nada tan delicioso. Miró de nuevo el interior del local y comprobó, una vez más lo vacío que estaba y no entendía como un lugar en el que se servía una comida tan deliciosa y un whisky de tan gran calidad, podía estar desierto. Cuando acabó con todo, el camarero le preguntó:

-¿Desea algo de postre?

-¿Tiene tarta de manzana?

De nuevo la única respuesta que obtuvo fue una amplia sonrisa y un plato en el que un trozo generoso de tarta, cubierto de nata montada hacía su aparición. No pudo por menos que reconocer que estaba tan bueno como todo lo que había tomado hasta ese momento. Como cerca de donde estaba apoyado había un cenicero, que por cierto estaba impoluto, sacó el paquete de tabaco del bolsillo de su camisa, se encendió un cigarrillo y tras pegar dos o tres caladas y exhalar varias veces un humo azulado, preguntó aquello que llevaba rato barruntando:

-¿Siempre está esto tan vacío?

-Bueno, no suele venir mucha gente por aquí, esto está muy lejos de todas partes.

-¿Y entonces por qué tener abierto un local como éste en medio de la nada?

-Precisamente para viajeros como usted que necesitan un lugar en el que descansar, reponer fuerzas, beber o comer.

-¿Y le resulta rentable?

-A veces, en la vida, no todo es cuestión de dinero.

Mike lo miró, seguía teniendo aquella sonrisa que no le había abandonado desde que le vio entrar, y quiso decir algo, pero se lo pensó mejor y permaneció en silencio. Como la conversación pareció acabar, el hombrecillo se giró, cogió un trapo situado en un cajón y se puso a limpiar los vasos situados en un estante situado a su derecha. Mike, por su parte, siguió dando caladas al cigarro hasta que casi no lo podía sujetar con los dedos y soltó lo poco que quedaba en el cenicero. Se giró hacia la puerta y estudio con detalle aquel lugar. Quedaba claro que era un lugar que había pasado por momentos mejores hacía muchos años. Cinco mesas redondas con seis sillas cada una, ocupaban la mayoría del local, y un piano blanco en un rincón, completaban el mobiliario. Todo muy rústico, todo muy normal.

Ocurrió todo de manera tan rápida que no podía ser real. Aquel piano empezó a mover sus teclas sin que nadie las tocase. Abrió los ojos para asegurarse que no estaba soñando ya que las mesas que antes estaban vacías, ahora estaban llenas de gente, de vaqueros como él jugando a las cartas, bebiendo cerveza y fumando. De repente uno de aquellos hombres se levantó y disparó a un compañero de timba, que al caer al suelo dejó ver las cartas que tenía en la mano: doble pareja de ases y jotas, la quinta carta había caído boca abajo y no podía saber cual era. Pero desde que Wild Bill fue asesinado con esa jugada, se la conocía como la mano del muerto.

Un frío intenso llenó el local, el aliento de Mike era gélido y formaba gotitas de hielo al exhalarlo, se giró hacia el camarero, el hombrecillo que le había atendido todo este tiempo y su rostro palideció, aquella figura podía ser muchas cosas, pero de todas esas cosas lo que quedaba claro es que no era humana.

-Mike -le dijo aquella cosa que antes había sido un hombrecillo y ahora sonaba aterradora- las cartas han hablado, tu hora ha llegado, ¿un último deseo?

No pudo articular palabra. Su cabeza caía sobre el mostrador. Estaba muerto.

-Bienvenido a mi casa. Soy tu deseo más profundo, aunque no lo sepas. Soy quién siempre te ha esperado, sin tu saberlo. Soy quién siempre cobra sus deudas, aunque no tengas. Soy el final de todo, y el principio de nada. Soy la muerte, y tú mi invitado.

Fuera el relincho de un caballo sonó. El sol seguía brillando con fuerza, pero una nubes negras se acercaban veloces, acompañadas por viento que poco a poco arrastraba la arena, produciendo un extraño y aterrador siseo, mientras el viejo saloon se iba desvaneciendo a medida que aquellos pequeños granos lo golpeaban.

Publicado en Uncategorized | Deja un comentario

DÍA 25, RELATO 25

 

galaxy-896928_1920

EL PRIMERO

La hierba ya no crece por donde paso, los animales caen muertos ante mí, aquellos que osan mirarme caen paralizados de terror. Todos saben mi nombre, pero muy pocos me conocen. Maldecido por Dios, bendecido por la sangre de los hombres. Los vampiros, aquellos que son de mi especie, me tienen pavor, no puedo morir, soy inmortal, nada me afecta como a ellos. La luz del sol es un lujo que ellos no pueden permitirse, las estacas de madera me hacen cosquillas y la plata, me encantan las cadenas de plata, llevo varias con crucifijos colgadas del cuello. Me tienen pavor por una sola razón, soy el vampiro original, el primigenio, mi nombre es… CAÍN.

Publicado en RELATOS | Deja un comentario

DÍA 24, RELATO 24

 

zombie-1761851_1920

EL PODER DE LA SANGRE

Cae la noche, la oscuridad cubre las calles desiertas y polvorientas de la parte antigua de la ciudad. Mientras todos duermen yo las recorro, ávido de comida, deseoso de poder alimentarme. Algunos de mi especie lo hacen de ratas, perros callejeros o cualquier animal que encuentran. ¡Estúpidos! No saben apreciar el don que tenemos, que nos fue legado para la eternidad. No me avergüenzo de lo que soy. La sangre que corre por las venas de los humanos es tan gratificante… Sí es verdad durante un tiempo yo también era una alimaña que me alimentaba de animales, pero cuando descubrí la sangre humana no pude abandonarla. Es como una droga… te llena, notas como todo tu cuerpo se revitaliza, y si mi corazón estuviera vivo latería con tanta fuerza que se saldría de mi pecho henchido. Debo dejaros, por ahí viene una hermosa joven, huelo su sangre, lástima que tenga que morir para que yo siga viviendo, estando muerto…

Publicado en RELATOS | Deja un comentario

DÍA 23, RELATO 23

2b07da9ff9c7418ecd53cc03_rw_1920

EL POSTER

Soy amante del cine, del buen cine. De ese que ya no se hace, del que llenaba las pantallas en blanco y negro en el que los actores interpretaban y los efectos especiales eran casi nulos. Tengo las paredes de la habitación empapeladas con los posters de aquellas películas, todos ellos en blanco y negro también: Casablanca, El halcón maltés y mi última adquisición: Nosferatu, que he colgado en el cabecero de mi cama. Pero desde ese día algo extraño me pasa, casi no salgo a la calle, he tenido que cerrar las cortinas de mi alcoba puesto que el sol me molesta, estoy pálido, mortecino. Me han salido dos extraños agujeros en el cuello, pero lo que más me inquieta, lo que me tiene aterrorizado es que ese último póster, ahora, está lleno de color…

Publicado en RELATOS | Deja un comentario

DÍA 22, RELATO 22

 

radio-4333412_1920

LA NOTICIA

No podía creer lo que acababa de oír por la radio y eso que era un oyente fiel, de toda la vida. Alguien había acabado con las vidas de varias personas a hachazos. Cuando la policía llegó el espectáculo era dantesco, cadáveres por todos los sitios y la sangre lo llenaba todo. Se sintió triste por la pobre gente que había fallecido y enfadado por el asesino. Tendrían que hacerle lo mismo. Entonces oyó los coches de policía frenando delante suyo y como sacaban sus armas y le apuntaban. Se miró, no entendía que hacía con un hacha y las manos llenas de sangre…

Publicado en RELATOS | Deja un comentario

DÍA 21, RELATO 21. HOY 3 MICROS

 

statue-of-liberty-2629937_1920

NADA

No quedaban libros, ni esperanza. No había nada, ni presente, ni pasado, ni futuro. Se lo llevaron por delante cuando alguien pulsó el botón rojo.

books-1617327_1920

LA ESTANTERIA

No quedaban libros, estaban todos empaquetados. Acerqué mi mano a la librería, en la habitación a oscuras algo tiraba de mí, me asusté. Algo me arrastraba. Grité. Nadie me oyó.

girl-1382947_1920

LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

No quedaban libros, les arranqué las hojas una a una, las lancé al viento que soplaba. Con ellos se fueron mis recuerdos, mi vida, mis ilusiones, mis deseos, mis amores, mis anhelos.

Publicado en RELATOS | Deja un comentario

DÍA 20, RELATO 20

 

woman-1771895_1920

AQUELLOS OJOS AZULES

Siempre me gustaron tus ojos azules. Soñaba con ellos a todas horas. Cada vez que los miraba veía abismos insondables, imaginaba un océano en cada uno de ellos. Me sumergía en un mundo de emociones que creía olvidadas hace tiempo. Eran los más hermosos que nunca había visto. Me enloquecían, me tenían embelesado, me arrastraban a un mundo de pasión desconocido. Era capaz de cualquier cosa por ellos, de robar, de matar, sólo por estar cinco minutos mirándolos y recreándome en ellos. Por eso te los arranqué. Cuando me dijiste que no me querías no me quedó más remedio que hacerlo. Ahora los contemplo cada noche, en su estuche de cristal junto a mí, donde antes reposaba tu cabeza, mientras tu cuerpo sirve de abono a las rosas del jardín.

Publicado en RELATOS | Deja un comentario