MIS OTROS RELATOS (y XVII)

No solo e concursos vive el hombre, también de antologías para buenas causas. Aquí os dejo un relato para una asociación contra el cáncer con la que participé. Espero que os guste, os dejo el enlace por si queréis comprarlo y participar. Besos y abrazos a repartir.

sueña lucha viveY EL GANADOR DEL PREMIO PLANETA ES….

 Juan pasaba sus horas entre fogones. Era cocinero en un importante restaurante, y no había sido de casualidad. Empezó como friegaplatos, fue poco a poco, a base de constancia y ganas de aprender, que consiguió ascender hasta llegar a ser el segundo de a bordo, tras el chef. Era una de sus pasiones, disfrutaba preparando deliciosos tournedós con patatas panadera, gambones con salsa de ostras y miles más de recetas que había ido aprendiendo de su maestro y jefe el gran Pierre Duchesne. Pero a pesar de las horas que pasaba delante del fuego, mezclando ingredientes, añadiendo especias, tenía otra pasión. No solo de alimentar el cuerpo vive el hombre, decía con una sonrisa, sino también el espíritu. Su gran pasión era la escritura. Al principio solo eran ideas que le venían en los momentos en los que pasaba los platos por la máquina y fregaba las cacerolas y sartenes. Pero nunca llegó a plasmarlas en papel, cuando llegaba a casa estaba fatigado y lo único que le apetecía era descansar. Luego, cuando empezó como pinche de cocina, aquellas historias fueron tomando cuerpo y mientras pelaba patatas y preparaba ensaladas su mente se evadía e imaginaba mundos con sus habitantes y sus seres mitológicos.

            Un día mientras volvía a casa en autobús, empezó a plasmar en papel aquellos bocetos que se le habían ocurrido mientras preparaba cogollos con atún, pimiento, endivias y anchoas. Para dicho menester había comprado un cuaderno y empezó a plasmar en aquellas líneas, las ideas que habían brotado aquella mañana. Sin darse cuenta fueron llenándose páginas y páginas. Para cuando fue consciente de que necesitaba poner todo aquello en orden ya llevaba cinco cuadernos y había empezado un sexto. Finalmente uno de sus días libres decidió que era el momento de pasar todo aquello al ordenador, dar vida a los personajes y crear ese mundo en el que vivirían, crecerían y morirían. Al principio fue duro, le dolían los dedos de pasar toda aquella información de manera coherente, pero poco aquel mundo fruto de su imaginación, fue cogiendo forma, fue moldeándolo, forjándolo, alimentándolo. Las pocas horas libres que le quedaban las pasaba delante del teclado.

            “Crónicas de Kittel” alcanzó un tamaño descomunal, más de mil páginas, pero no podía parar, cada vez que sus dedos se apoyaban en el teclado, surgían más ideas, nuevos personajes, nuevas aventuras. Era su mundo, había nacido en el office de una cocina, entre platos sucios y cacharros manchados de grasa y restos de comida, pero tenía personalidad propia. Nunca se le había pasado por la cabeza publicar. Para él aquello era un sueño, una fantasía, se sentí feliz viendo como sus personajes, sus hijos como los llamaba en su cabeza, crecían, sufrían, salían victoriosos o derrotados pero aprendían de sus errores y continuaban adelante.

            En su trabajo seguía siendo un hombre disciplinado, y su rápida capacidad de aprendizaje hizo que el cocinero se fijase en él y empezase a enseñarle algunas técnicas de cocina más sofisticadas, a preparar los platos más complicados e incluso le dejaba que dejase volar su imaginación para crear nuevas recetas. La primera sorpresa llegó el día en el que en la carta aparecía una de sus creaciones prueba del afecto que el chef que le tenía. Un día mientras investigaban que se podía hacer con sandía y rape, Pierre le comentó que una editorial quería editar un libro con las mejores recetas del restaurante, y pensaba que eso podía venir bien para el negocio ya que le daría todavía más publicidad y en los tiempos que corrían toda ayuda extra venía bien. Le pidió si podía añadir al libro algunas de las ideas que él había tenido y Juan se mostró encantado. Le dijo que durante un tiempo se tendría que encargar del restaurante, que confiaba en él ya que iba a necesitar al menos un par de semanas para escribir el libro. Entonces sin saber muy bien el motivo dijo:

            —Yo también he escrito un libro, pero no es de cocina.

            Pierre le miró y con una sonrisa cómplice le dijo:

            —No me extraña, tienes una gran imaginación, algo que tanto en cocina como en la literatura es fundamental. El arte es algo que se tiene o no se tiene. Tienes la capacidad de hacer que la gente se estremezca con tus platos, que desee probar otro más, que cuando salen por la puerta deseen volver para vivir otra experiencia parecida. Eso es arte, pero el arte se manifiesta de muchas otras formas. Tú lo haces escribiendo, y estoy seguro, sin haberte leído que lo haces bien. Aunque para serte sincero algo sospechaba… te voy a confesar una cosa, además de cocinar también soy pintor, y me gusta la fotografía, son otras expresiones del arte, de ese que nos corre por dentro y que necesita que lo plasmen, que los demás lo disfruten. Somos unos privilegiados ya que tenemos la capacidad de hacer sentir, sin tocar, de remover almas y dejarles siempre con el deseo de querer un poquito más.

            Juan se sonrojó, no esperaba aquel halago por parte de su jefe y comprendió que era verdad, que tenían un don, esa era la palabra exacta, un don que les permitía hacer cosas increíbles, y por primera vez fue consciente de que podía intentar hacer llegar sus historias a más gente, compartir con el público sus creaciones, como hacía con sus recetas y dejar que las primeras alimentaran el alma con el mismo placer que las segundas lo hacían con el cuerpo. Continuaron hablando durante un rato y finalmente Pierre le dijo que hablaría con el contacto de la editorial que se iba a encargar de editar su libro e intentar sondear la posibilidad de publicarlo.

            Nunca, ni en sus mejores sueños aparecía la posibilidad de ver uno de sus libros en los estantes de las librerías del país y sin embargo nueve meses después de la conversación con Pierre, aquello se hizo realidad. Fue como un parto. Empezaron las campañas publicitarias, las entrevistas, la firma de autógrafos, el que le saludaran por la calle. Pero lo más sorprendente es que la gente quería saber más de Kittel, aquel héroe que había nacido en su interior y que ahora era un miembro más de aquella sociedad. No tardó en salir el segundo libro, pero no fue suficiente para saciar el apetito de un público entusiasmado y entregado a la causa. Y llegó un tercero.

            Resultaba complicado compaginar su vida pública de escritor y la de cocinero del más prestigioso restaurante de la ciudad, pero lo hizo durante varios años y las “Crónicas de Kittel” llegaron a los ocho volúmenes. El restaurante, desde que se publicó el libro de recetas y, porque no decirlo sus libros también, estaba siempre lleno, la gente acudía no solo a saborear los mejores platos de la ciudad, si no también a conocer a aquel hombre  que delante de unos fogones era capaz de crear tanto arte. Pero no solo de historias de fantasía vive un hombre. Además de forjar un héroe y de hacerlo parte de este mundo, ya que en carnaval la gente había empezado a disfrazarse como Kittel, había empezado una novela costumbrista, ambientada en la España de la guerra civil y que le estaba costando más de lo previsto. Exigía mucha documentación. Eso implicaba tiempo para ello, del que casi no disponía, y aquella historia de una familia rasgada en dos por la mayor barbarie de nuestro país avanzaba a pasos de tortuga.

            Tres años después, con el manuscrito ya registrado se presentó al premio Planeta de novela. Muchos se reían de él y decían que a pesar de ser un excelente escritor de narrativa fantástica, aquello eran palabras mayores y además estaban convencidos que ese tipo de premios estaba amañado de antemano y que sería mejor que no perdiese el tiempo en enviarlo, que probase en otros concursos menos conocidos y en el que tal vez pudiese ser más fácil ganar. Nadie le dio ánimos, decían que lo suyo era la fantasía y que lo que había escrito, sin ni tan solo haberlo leído, no encajaba en su estilo.

            En su fuero interno era consciente de que precisamente necesitaba quitarse esa etiqueta, dejar de lado aquellas tierras lejanas y demostrar que estas tierras más cercanas y dolorosas, también las conocía. Mientras tanto seguía compaginando, arte culinario con arte literario, hasta que unos meses después le llegaba la noticia: su novela había pasado las primeras fases y entraba en la quiniela de finalistas. En teoría dicha información ha de ser confidencial, pero alguien se fue de la lengua. Para Juan era una noticia increíble, por un lado callaba la boca a aquellos detractores que no creían en su trabajo y por el otro se sentía contento consigo mismo, ya que demostraba que el trabajo, el tesón y la fuerza de voluntad junto con el tiempo invertido en aquel proyecto, había merecido la pena. Aunque todo acabase ahí ya se podía sentir satisfecho y orgulloso.

            Durante todos esos años que transcurrieron hasta que estuvo acabada su novela más personal, aquella que presentó al premio Planeta, tuvo ocasión de llevar el restaurante durante algunos meses, aquellos en los que el chef se ausentaba o bien para escribir nuevos libros de recetas, o bien por motivos publicitarios y también por la inminente apertura de un nuevo local en la ciudad de Paris. Pierre confiaba ciegamente en él y este no le defraudó. Y un día, estando en pleno servicio, le llegó la tan esperada noticia: era finalista. La otra novela que optaba al premio era de un afamadísimo escritor y a pesar de las felicitaciones que todo el mundo le dispensaba, también empezaron de nuevo a decirle que no tenía nada que hacer, ya que estaba claro quién iba a ser el ganador, que estaba todo amañado, que se diese con un canto en los dientes con estar en la final, etc. Sólo una persona le dijo que podía ganar y ese fue su jefe.

            Por fin el gran día había llegado, se encontraba en una sala inmensa, llena de mesas con las autoridades políticas, las literarias, algunos famosos y él. Se sentía más extraño que nunca, más solo que nunca a pesar de estar con tanta gente. Por haber sido finalista estaba en un lugar privilegiado y compartía mantel con algunos personajes influyentes, pero aquel no era su lugar. Era cierto que le encantaba escribir, que junto con la cocina eran sus dos pasiones, pero en aquel ambiente aburguesado en el que la mayoría de la gente no tenía ni idea, por mucho que quisiesen aparentar, de literatura se sentía fuera de lugar. Apenas participó en las conversaciones, sonreía de vez en cuando y procuraba no hablar mucho. Sus compañeros de mesa pensaban que se debía a los nervios del momento. Debería de estar contento, y aunque estaba satisfecho de estar allí aquella noche, no sentía esa alegría que se supone debía de mostrar. Pasaron las horas, pasaron los diferentes platos de los que constaba el menú, y para ser sinceros algunos dejaban bastante que desear, pero para los que le hacían compañía eran un manjar, y llegó el momento. Las luces del pequeño escenario se iluminaron, las voces en la gran sala se fueron atenuando hasta que todo quedó en silencio. Todos miraban hacia el lugar en el que el presidente del Grupo Planeta con un micrófono delante y un sobre en la mano iba a anunciar el que iba a ser el ganador del premio en metálico más importante del país, y uno de los más prestigiosos del mundo.

            El silencio era sepulcral. El tiempo parecía haberse congelado. Las miradas puestas no en el hombre que ocupaba el centro de aquel estrado, si no en el sobre que tenía en sus manos. Empezó con un pequeño discurso, unas palabras de agradecimiento a los presentes, a los encargados del catering, a los del marketing… hasta que con sus largos y gruesos dedos abrió el lacrado sobre pronunciando las palabras que todos esperaban…

            —Y el ganador del premio Planeta es…

            Durante unos segundos nadie pestañeó, nadie se movió, se podía decir que nadie respiró, todos esperaban el nombre con ansiedad. Juan y el otro finalista eran un manojo de nervios, pero la suerte ya estaba echada y solo quedaba esperar.

            —…¡Juan Rosales!

            Un aluvión de sensaciones le invadió. Era su nombre, era él el ganador, ahora se cerrarían bocas, sus amigos, si se podían llamar así se tendrían que tragar sus palabras. Se quedó sentado en lo que le pareció una eternidad sin saber qué hacer, al final se levantó, subió al pequeño estrado y miró a toda aquella gente aplaudiendo, a él, a su obra, a su novela. Cerró los ojos buscando inspiración para decir unas palabras…

            …y fue el despertador el que le hizo ser consciente de la terrible realidad haciendo que abriera los ojos. No era cocinero y mucho menos escritor. Eso sí se llamaba Juan Rosales y era albañil en una obra. Pero se despertó con una idea en la cabeza. Escribiría un relato sobre alguien al que leibrosle tocaba el premio Planeta… ¿vería la luz alguna vez? Tal vez la respuesta, está en tus manos.

Sueña… Lucha… Vive Editorial Leibros

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MIS OTROS RELATOS (y XVI)

Muy buenas, por esas cosas de la vida, y por la edad, se me olvidó poneros uno de los relatos que me han publicado hace poco con el que fue finalista. De paso os pongo el último relato con el que he sido seleccionado en otra antología. Besos y abrazos a repartir.

la-luz-me-hace-daño-303x400UN RAYO DE ESPERANZA

            Los últimos rayos de sol iluminaban el atardecer. Galopaba deprisa, las buenas noticias que llevaba en el zurrón de su caballo tenían que ser entregadas, cuanto antes, al rey de Adanis. Era el último rayo de esperanza que quedaba en aquella tierra antes de que las tropas bárbaras al mando de Brhaithon, jefe supremo de los reinos del sur, se apoderara del fértil territorio del que era el líder. El caballo estaba en las últimas, fatigado, casi sin fuerzas, pero parecía ser guiado por el espíritu del hombre que lo montaba, que le transmitía sus fuerzas, sus ganas y deseos de alcanzar el objetivo.

            -Vamos Blanquito- le decía- tu puedes.

            Aquello espoleó a la montura, que aceleró, un poco más su marcha.

Unas horas antes

            Los nobles reunidos en la gran sala redonda, gritaban todos a la vez, intentando hacerse notar por encima del otro, eso hacía imposible que se pudiese escuchar lo que decían. Pero les podía más el miedo que todo lo demás. Uno a uno habían sido testigos de cómo sus tierras caían en manos de Brhaithon sin que pudiesen hacer nada por impedirlo, sus tropas avanzaban con una facilidad nunca vista, nada parecía afectarles y sin embargo sus armas eran demoledoras. Tenían que hacer algo y rápido, o por el contrario aquel mundo lleno de alegría acabaría sumido en el caos, en las más profundas de las miserias.

            -¡Silencio!- gritó Graison.

            Su tono de voz era tan autoritario que poco a poco todos volvieron a sus asientos y finalmente el silencio se impuso. Graison había sido elegido para moderar este tipo de actos precisamente por que imponía. Sus casi dos metros de alto, su anchura y sobre todo aquella voz profunda, era suficiente para imponer respeto. Clavó los ojos en cada uno de aquellos hombres, que aunque valientes, les estaba pudiendo el miedo, o el terror que el ejército de Brhaithon imponía. Ahora la última esperanza que les quedaba estaba en aquella sala, regalo de los antiguos dioses. Para llegar hasta ella era necesario acudir a un punto en concreto, una antigua gruta excavada en la ladera de una abrupta montaña. En la entrada tenían que taparse los ojos y eran guiados por el espíritu de Mohana hasta la sala. Lo que ignoraban todos ellos es que Mohana no era un espíritu, era uno de aquellos antiguos dioses en los que creían, y la sala no estaba en este mundo, se encontraba en una dimensión paralela, en otro planeta, en una nave espacial que orbitaba el mismo. Los antiguos dioses eran, en realidad, seres del espacio exterior. Tenían que invocar a Riasis, el oráculo, el contacto entre este mundo y los dioses, ya que seguían sin ser conscientes de la auténtica realidad. Mantenían las costumbres de la antigua religión, la de sus padres, la de los padres de sus padres, y la de los padres de estos. Una tradición que se perdía en la noche de los tiempos, en el día en el que el mundo fue creado por Ashon y Rodia, los dioses creadores.

            -Ahora que estamos todos callados, vamos a intentar encontrar una solución. Chillando no lo conseguiremos. Sabemos que el reino está en peligro y necesitamos una respuesta de nuestros dioses. Riasis solo acudirá si lo invocamos de la manera correcta y solo Merlín, nuestro sacerdote supremo lo puede hacer. Le cedo la palabra.

            Un hombre entrado en años, con larga barba blanca dio un paso al frente. A pesar de lo avanzado de su edad su caminar era firme y el largo báculo con el que se ayudaba, era una fuente ingente de sorpresas. Se colocó frente a Graison, saludó a los allí congregados y sin más dilación, dejó la vara en el suelo, levantó las manos y dijo:

            -Riasis te invocamos, suplicamos tu ayuda, tu consejo.

            Durante unos segundos en aquella enorme sala solo reinó el silencio. De repente las luces de la sala, de las que ninguno de los hombres que se reunieron allí durante siglos se preguntó jamás como podían iluminar sin que el fuego las alimentase, se apagaron. Junto a Merlín aparecíó de repente una extraña luz azul, del tamaño de un huevo de gallina que poco a poco fue adquiriendo mayor tamaño, al mismo tiempo que la luz que desprendía subía en intensidad, hasta tal punto que llenó la sala y todos los presentes se vieron obligados a cerrar los ojos. Menos Merlín, ya que no era la primera vez que lo hacía, ya estuvo en la primera y estaría en las siguientes. Nadie le preguntó nunca la edad que tenía, y ni él mismo podría contestar a esa pregunta.

            Lentamente la forma de una mujer fue dibujándose en medio de aquella intensa luminosidad. Riasis era hermosa, tenía un largo cabello rubio recogido en varias trenzas, unos hermosos ojos azules, unas orejas puntiagudas, una cara alargada, proporcionada, y su sonrisa era amplia, franca y sincera. Lentamente la sala volvió a la normalidad, el brillo que emanaba de Riasis fue diluyéndose, al mismo tiempo que los presentes abrían los ojos y las luces volvían a su intensidad.  Para la mayoría, que era la primera vez que la veían, la visión de aquella mujer era como un sueño, nunca habían visto a ninguna tan hermosa, y posiblemente nunca verían otra. Tan solo Merlín y Galadiel habían sido testigos de un contacto anterior.

            Merlín se apartó un poco dejando todo el protagonismo a Riasis. Antes de empezar a hablar sonrió, su dentadura era blanca, inmaculada, todos los presentes se vieron llenos de paz, dispuestos a escuchar lo que el oráculo tenía que contarles. No era necesario formular una petición particular. Los dioses estaban al tanto de todo, y aunque los hombres desearían que participasen más de la vida, de los problemas que les afligían, solo podían hacerlo en ocasiones muy contadas, no podían sacar las castañas del fuego en todo momento, los hombres debían ser capaces de afrontar sus propios problemas, de encontrar sus propias soluciones. Pero el futuro era negro, mucho y era necesaria su actuación.

            Habló poco, pero la esperanza que les infundió llenó sus corazones. Tal y como había aparecido se marchó, dejando a Merlín con un extraño objeto en las manos. Riasis les dijo que era una espada, la más poderosa que se hubiese fabricado jamás, pero tan solo un hombre, aquel cuyas huellas estaban grabadas en ella, podía portarla. Ese hombre era el hijo de Adanis, cuyo nombre a partir de ahora, sería Arturo, la espada se llamaba Excálibur, que en el lenguaje de los dioses quería decir: la destructora. Con ella iría a la batalla y nada ni nadie podría derrotarles. Entonces nacería un nuevo reino Camelot, donde solo reinarían la paz y la armonía. Merlín sería el consejero del nuevo rey, un contacto directo con los dioses, uno más entre ellos. Pero debían de partir inmediatamente a entregar las nuevas y la espada.

            Cuando todos abandonaron la nave, la sala como la llamaban, del mismo modo que lo hacían al llegar acompañados por Mohana, se encontraron a la entrada de la gruta y allí, un mensajero a caballo les esperaba, convocado por otro de los dioses. Merlín le entregó un paquete en el que, envuelto en una tela blanca de seda radiante, se encontraba el artefacto que Riasis le había dado, y le pidió que corriera lo más rápido que fuera posible, un rayo de esperanza se abría camino en sus oscuras vidas. Sin pensárselo, aquel hombre gritó:

            -¡Vamos Blanquito! ¡La libertad nos espera!

            Todos tenían fe en sus dioses. No dudaban de ellos. Si aquello era el final de la triste historia que estaban viviendo y el principio de una mejor, porque Riasis lo había dicho, sería verdad. En el preciso momento en el que el jinete se alejaba, al sol le quedaban poco menos de dos horas hasta que el ocaso lo acabase devorando. Y justo en ese momento, un extraño artefacto alargado, del tamaño de un puro, emitía una pequeña luz, una conexión con los dioses, guiando en su camino al hombre y a la montura. El fin del reinado de Brhaithon, de su negra leyenda, llegaba a su fin. Camelot, Arturo, Merlín, una nueva leyenda estaba a punto de surgir.

Este relato pertenece al libro de Editorial Donbuk: LA LUZ ME HACE DAÑO

microiv2LATIDOS

Debe ser mi imaginación, o es lo que quiero creer, ya que esto no puede ser real. Me he refugiado en los sótanos de esta casa abandonada huyendo de unas criaturas que solo pueden existir en las pesadillas, y tengo miedo. Todo el sitio tiembla, a un ritmo constante, como si de un enorme corazón se tratase. Está oscuro y no veo nada, pero el sonido de esos latidos, me está volviendo loco. Algo se mueve a mi derecha, es enorme…

Perteneciente a Diversidad Literaria: MICROTERRORES IV

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CAMBIOS DE ÚLTIMA HORA

Hoy tengo que anunciaros que ha habido un cambio de última hora, y es que el libro que iba a publicar con el título TENEBRAE, pasará a llamarse ALGO ACECHA EN LA OSCURIDAD, el cambio se debe a diversas razones, que ahora no voy a explicar porque sería algo, eso sí, sigue siendo igual de apasionante e interesante. Fecha de lanzamiento: Febrero 2018. Os tendré informados. Y una buena noticia, he vuelto a ser finalista en un concurso de relatos, en esta ocasión de Diversidad Literaria y del género de terror, ya os pondré portada y relato en otra entrada. Besos y abrazos a repartir.

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PROYECTOS 2018

Hoy quiero contaros las cosas que si todo va bien, pasarán este año. La primera y más inmediata es la próxima aparición de la nueva edición, ampliada, revisada y corregida de mi novela TENEBRAE que saldrá con Editorial Leibros. Y para septiembre la publicación de mi último trabajo FIDELITATIS con Ediciones Javisa23. Pero este año espero acabar también HELADAS AGUAS, la novela que transcurre a bordo del Titanic, y también el libro de relatos HIJOS DE YOG-SOTHOTH inpirado en Lovecraft, ambos en avanzado estado de gestación. Pero habrá más cosas. Hay relatos que me van a publicar en antologías benéficas, y espero que haya algún concurso en el que también pueda participar y me publiquen. Mientras tanto aquí sigo, con el teclado y escribiendo. Besos y abrazos a repartir.

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RELATO POR ENTREGAS (y V)

Y hasta aquí este relato que si os interesa forma parte de mi libro publicado por Egarbook titulado ¿Hay alguien aquí? Espero que os haya gustado. Y como siempre os digo besos y abrazos a repartir. Nos vemos por aquí, mejor dicho, nos leemos.

No sabía que decir, ya que el resumen que acababa de hacer de la situación era tan preciso que no se podía añadir nada más. Lo único que me inquietaba era saber a qué debía su presencia ya que lo último que podía esperar era a mi víctima presentándose en mi casa, por así decirlo. Cuanto más lo miraba menos era capaz de comprender como había conseguido imponerse. No tenía nada de extraordinario, al menos en apariencia. Me aparté de la puerta y con un gesto de mi cabeza le invité a entrar. Seguía sin ver nada fuera de lo normal en aquel personaje. No tuve que invitarle a que se sentara ya que se acomodó en uno de los sillones del salón, pero antes cogió una de las botellas del aparador y se sirvió una copa de whisky.

         -Una de las cosas maravillosas que tienen los sueños es que todo es de una calidad excelente. No encontrarás un licor como este en el mundo real. Ni de hecho un hotel con este lujo. Se parecerán, pero no podrán igualarlo. Por eso no quiero irme de aquí y no voy a dejar que nadie se permita el lujo de echarme.

         -No se puede ser más claro.

         -Y no lo voy a permitir. En ese mundo real del que venimos soy un mindundi, un don nadie. Aquí soy el alcalde de una gran ciudad, tengo un gran poder, riquezas, y todo cuanto un hombre puede desear. ¿Crees que estoy dispuesto a renunciar a todo eso de un plumazo? No sé qué es lo que te habrá prometido, pero no voy a dejar que acabes conmigo.

         -Mi familia…- balbuceé.

         -Claro. El viejo truco del chantaje, muy propio de él. ¿A qué no te ha contado que no eres el primero al que propone el trabajito? Ni serás el último. Si lo que te preocupa es tu mujer y tu hija, puedo conseguir que no les pase nada. Y si quieres puedo hacer que despiertes y todo habrá acabado. Tu familia estará a salvo y todo volverá a la normalidad, o puedes continuar con tu misión y entonces ni volverás a ver a tu familia, ni ellos te volverán a ver a ti. No te dejes atemorizar por él, a quién debes temer es a mí, recuerda que hasta él me tiene miedo y eso es por algo.

         -No sé qué creer, todo lo que me está ocurriendo es tan fantástico…

         En ese instante alguien llamaba a la puerta. Me gustaría que en este sueño además de tener un hotel de lujo, tuviese también un criado para que abriese, pero todo no podía ser perfecto, así que yo mismo tuve que dirigirme de nuevo hacia allí y nada más abrirla, Gustaf, entraba a empujones en mi habitación y se dirigía directamente hacia aquel hombre. Lo primero que pensé es que lo iba a matar, luego comprendí que tal y como me había dicho, era imposible, no tenía la capacidad de destruirlo, sino no necesitaría de mi presencia para hacerlo. ¿Entonces qué hacía allí? Algo me decía que se iba a desatar una tormenta y de las gordas. En cuanto llegó frente a él, dijo:

         -¿Cómo osas presentarte aquí?

         -¿Por qué sigues queriendo matarme? Podemos compartir este mundo, es lo suficientemente grande para los dos.

         -Nada es bastante grande. Yo llegué primero, y me pertenece.

         -Lo siento pero no pienso abandonarlo.

         -Entonces morirás

         Rió con ganas y dijo:

         -¿Y quién va a matarme, tú?

         Gustaf, estalló. Era consciente de que no tenía capacidad para hacerlo, pero alguien lo haría. Me miró y con unos ojos bañados en sangre y en ira gritó:

         -¡Ahora, hazlo!

         -No puedo.

         -¡Cobarde!

         -Bueno, la decisión está tomada. Ahora Gustaf, devuélvele su familia, y olvida todo esto, no es bueno para tu salud…

         -¿Cómo te atreves a darme órdenes? He prometido que mataría a su familia si él no lo hacía contigo, y cumpliré mi palabra.

         -Entonces el que no saldrá con vida de aquí será tú…

         Fue cuando ocurrió algo espectacular, que no he conseguido olvidar. Gustaf me miró directamente a los ojos, y empezó a transformarse, no puedo decirlo con otras palabras, ya que eso es lo que ocurrió. En lo que se convirtió no sabría definirlo con palabras, no existen en el diccionario, términos para describir aquella aberración. Aterrorizado intenté buscar refugio pero el único lugar seguro se encontraba lejos de allí, en el mundo real. Lo que antes era Gustaf, empezó a caminar hacia mí, y me sentía acorralado. No podía huir, las piernas no me respondían y no podía ni siquiera gritar. Entonces ocurrió algo que por lo inesperado, me sorprendió. Aquel hombrecillo se colocó entre él y yo, y lo hizo de manera tan rápida que no fui consciente de ese movimiento hasta que no lo tuve delante. Entonces comprendí algo: había infravalorado a aquel personaje. En aquel mundo era poderoso, y también comprendí otra cosa, aquello era un duelo por el poder entre esos dos hombre y yo era un mero espectador, de lujo, eso sí, pero en realidad no pintaba nada allí. Durante unos segundos nadie se movió, ni siquiera yo. Si un pintor hubiese dibujado la escena en la que me encontraba no hubiese tenido dificultad, ya que todo estaba inmóvil. Y silencioso. Fue Gustaf, por llamar de alguna manera a aquella horrible criatura el que dijo:

         -Algún día pagarás por esto…

         No sé si aquello tenía garganta pero aquellas palabras pronunciadas por semejante horror, sonaron aterradoras. De repente la estancia se llenó de un extraño humo verdoso que no puedo decir cuál era su procedencia, ya que surgió de manera tan inesperada y sorprendente que me sobresalté. Cuando desapareció, de la misma manera, la habitación estaba vacía, y por un instante me pregunté si no era un sueño, dentro del mío. Pero sobre la mesa había una hoja de papel, que parecía pergamino y constaté al tocarla, que así era. Su contenido era escueto y una sensación cercana a la alegría recorrió todo mi ser. Decía así:

         “No tengas miedo, Gustaf, o Kim-Bal-Zoo, que ese es su verdadero nombre, no te hará nada. No puede dañarte. Si quieres saber quién es, o mejor dicho que es, sigue leyendo. Si te preguntas si pertenece a nuestro mundo, te diré que no, no es de este mundo, ni ninguno que conozcas. Viene de un lugar lejano, de otro planeta, en el que también existen los sueños. En todos los lugares donde se sueña, hay un lugar especial en el que se pueden vivir aventuras que en el mundo real no podemos imaginar. Esos lugares se les conoce como reinos de los sueños y todos esos reinos tienen un punto en común, un sitio en el que todos convergen. Kim-Bal-Zoo, llegó aquí de la misma manera que tú y yo, soñando, y al igual que nosotros, le afecta de la misma manera. Es cierto que puede viajar a voluntad a nuestro mundo y volver al reino de los sueños cuando quiera, pero no puede dañarte ni a ti ni a nadie fuera de aquí. E incluso aquí necesitaría de un gran poder para causar mal. Su obsesión desde que llegó aquí ha sido convertirse en el rey, en el amo de todo este mundo, pero sus poderes carecen de efectividad en la parte del reino de los sueños de la Tierra. Por eso busca por todos los medios eliminarme. En realidad no tengo interés en el cargo de alcalde que ostento, pero es la única forma que conozco de mantenerlo a raya.

         “Hace tiempo que me convertí en un soñador experto, y comprendí el funcionamiento de este lugar, y cuando me di cuenta del daño que podía causar Kim-Bal-Zoo, tomé la decisión de permanecer alerta, ya que el día que se rompa el equilibrio entre este mundo y el real, se abriría una puerta hasta esos planetas lejanos y solo Dios sabe que otras aberraciones podrían llegar hasta el nuestro, y con qué intenciones. Decidí sacrificar mi vida en el mundo real para salvaguardarlo, y no pido nada a cambio, es una decisión que tomé y asumiré sus consecuencias hasta el final. Ahora descanse y duerma, cuando despierte, esta pesadilla se habrá acabado, y le aseguro que su familia estará perfectamente. Pero todo tiene un precio y el suyo será no volver a soñar.

         Tras leerlo varias veces me senté, necesitaba asimilar toda esa información y aunque por un lado me sentí aliviado, por otro me sentía triste. Si era cierto todo aquello, dejaría de soñar, dejaría de vivir aventuras increíbles y no estaba seguro de renunciar a ello. Arrojé el papel al otro extremo de la mesa y lloré. A pesar de la aterradora experiencia por la que estaba pasando, me apenaba no volver a pasar por algo parecido. Sin quererlo me dormí.

         Sé qué hace mucho tiempo que en los trenes no hay revisores, que los controles en el interior del tren ya no se realizan, por eso me sobresalté cuando una voz junto a mi oreja repetía una y otra vez:

         -Billetes, por favor.

         Al principio no supe dónde estaba, y aturdido miré a mi alrededor. Comprobé aliviado que estaba cómodamente sentado en mi butaca del AVE de Toledo a Madrid. Sonreí. Pero la sonrisa duró poco en mis labios. Aquella voz volvió a repetir:

         -Billetes, por favor.

         Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Me resultaba tan familiar aquel sonido. Lo miré y aquellos inconfundibles ojos se me clavaron como espadas, mientras me susurraba:

         -He perdido esta batalla, pero no la guerra, un día me convertiré en alguien poderoso en este mundo y entonces iré por ti.

         Era Gustaf, prefiero llamarlo así, y tras cruzar todo el vagón desapareció. Atónito miré por la ventana, tenía la necesidad de saber si seguía soñando o no, y el paisaje que se veía tras el cristal y que también conocía me convenció de que mi pesadilla había acabado. Entonces lo vi, allí fuera, saludándome con la mano, flotando en el aire, con aquella mueca por sonrisa y apuntándome con su largo y afilado dedo.

         Hace cinco años que todo ocurrió. Mi familia está perfectamente, pero yo no he vuelto a soñar. En mi cabeza, cada vez que cierro los ojos, solo escucho aquellas palabras que me despertaron, para siempre:

         -Billetes, por favor.

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RELATOS POR ENTREGA (IV)

Vagué sin rumbo entre barrios ricos y barrios pobres, y muchas veces no sabía dónde acababa uno y donde empezaba otro. Incluso juraría que algunas de aquellas casas las había visto en varios sitios a la vez, seguramente significaría algo, pero no quería saberlo, no estaba dispuesto a permanecer en aquel mundo más de lo necesario. El rey de este sitio me había contado algunas cosas, pocas muy pocas y seguramente todo era mucho más complejo, y con total seguridad mucho más aterrador. En este mundo las pesadillas y los buenos sueños van de la mano. No puedo decir con seguridad cuantas horas estuve vagando por aquellas calles, pero tenían que ser varias ya que el sol ya estaba empezando a esconderse cuando mi estómago se quejó. Tenía hambre y necesitaba comer algo. Por esas cosas que pasan en las ensoñaciones, se me antojó una buena comida italiana y cuál fue mi sorpresa cuando giré la esquina y vi un enorme cartel, iluminado con farolas de gas que ponía “Ristorante Mauro”. Mucha gente pensará que es casualidad pero tiene más que ver con tus deseos. Cuando sueñas tú eres el dueño, por así decirlo de lo que ves y tus deseos se convierten, al instante en realidades.

         El sitio era acogedor, decorado en bonitos tonos burdeos y madera de cedro, con grandes lámparas colgadas del techo, y músicos que amenizaban la velada. Muy bonito y muy romántico. Si no fuera producto de mi imaginación llevaría a mi mujer a cenar. Había conseguido mantenerla alejada de mis pensamientos mientras paseaba por la ciudad, pero ahora que afloraban con fuerza, recordaba la fotografía y el video que me mostraron, y unas amagas lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas, mientras un estremecimiento sacudía todo mi cuerpo pensando que tal vez no las volvería a ver. Intenté alejar aquellas ideas de inmediato de mi mente, y enjugué las lágrimas con la manga de mi traje, justo en el momento en el que el camarero se acercaba a mí haciéndome indicaciones para que le siguiese mientras me preguntaba:

         -¿Mesa para uno?

         -Sí, por favor.

         -¿Esta le parece bien, señor Sánchez?

         Quedé paralizado, ¿cómo sabía quién era? La respuesta fue rápida, instantánea, y aterradora. Se giró y por primera vez me fijé en su cara: era él.

         -Ya le dije que aquí soy el rey, puedo estar en todas partes y en ninguna a la vez.

         -Creo que iré a otro sitio a comer.

         -Bueno, si prefieres un restaurante indio es una buena idea, pero soy tan buen camarero italiano, como indio.

         Aquello quedaba claro que no me dejaba alternativa, iba a ser mi pesadilla, me seguiría allí donde fuese, así que como tenía hambre y no quería deambular más, decidí, que me quedaría, mejor dicho, no me quedaba otra alternativa.

         -Te recomiendo la lasaña de la casa, no probarás otra igual en tu vida. Y para beber un delicioso vino italiano de Sicilia. Y tranquilo, yo corro con los gastos.

         Acompañó todo con aquella aterradora sonrisa a la que, por desgracia ya me estaba acostumbrando. Iba a añadir algo, pero aquel personaje había desaparecido, no sé si en dirección hacia la cocina o si simplemente se esfumó. Pero no volví a verlo en toda la noche, bueno, tampoco es del todo cierto, apareció cuando degustaba un delicioso tiramisú, así por arte de magia frente a mí. Tan inesperada fue que a punto estuve de que el postre se me cayese.

         -¿No puede aparecer como el resto de la gente?- dije.

         -Yo no soy como los demás. No es mi estilo.

         –Pues con estos sustos, no sé si mi corazón va a aguantar…

         -Seguro que sí.

         -¿Qué quiere?

         -Bueno, dije que te iba a traer la información que necesitaba para cumplir su misión y aquí la tiene.

         Me acercó un enorme sobre de color marrón que abultaba bastante.

         -Estudie el contenido con calma, cuando lo hayas hecho hablaremos de nuevo. Pero recuerda, no tenemos mucho tiempo, o mejor dicho,  tu familia no lo tiene, y tú tampoco.

         -Maldito hijo de…

         -Esa boca… tendré que lavártela con jabón.

         Y de la nada apareció una palangana, una esponja, y una pastilla de jabón. Aquello vino acompañado de una tremenda carcajada que personalmente, no me hizo ninguna gracia. Pero me llevé un tremendo susto, debo confesarlo.

         -Y ahora, vete al hotel, descansa y mañana échale un vistazo a eso. Y que tengas felices sueños.

         -¿Puedo soñar, en mis sueños?

         -Irónico ¿verdad?

         Y se esfumó, así sin más. Miré a mi alrededor pensando que alguien más había sido testigo de dicha desaparición, pero nadie parecía haberse dado cuenta. Además, me dije a mí mismo, si era el rey de aquellos dominios, podría hacer trucos similares y nadie diría nada, nadie critica al dueño y señor. Permanecí todavía unos minutos sentado, degustando el licor de la casa, que debo decir que estaba delicioso.

         Cuando salí al exterior ya era noche cerrada, no recuerdo que hora era, pero tenía ganas de llegar a mi hotel y descansar, pero me encontraba con un gran problema, como había paseado sin prestar atención a las calles por las que pasaba, no sabía si estaba muy lejos del lugar donde me alojaba, o muy cerca. Se me ocurrió una idea que era tan absurda, que tenía que funcionar. Cerré los ojos, y al abrirlos, allí estaba, al fondo de la calle, mi magnífico hotel. Al parecer se pueden hacer muchas cosas sorprendentes en esta tierra mágica, empezaba a sentirme algo más cómodo en ella. No tardé en llegar al Hotel y subí a mi habitación. Tenía curiosidad por saber el contenido del enorme sobre que llevaba bajo el brazo, pero mis deseos de reposar eran mucho mayores, así que tras darme una buena ducha, me metí en la cama y al momento quedé dormido.

         Si tuve sueños no lo recuerdo, sólo sé que cuando abrí los ojos, miré el reloj de bolsillo que había dejado en la mesilla de noche y comprobé que eran las ocho de la mañana, una bonita hora para despertarse y empezar con lo que sea que tenía que hacer. Me pregunté cuanto tiempo había pasado en el mundo real, en aquel tren que cogí en Toledo con destino Madrid, y que tan lejano e irreal me resultaba. Tras un buen baño y un completo desayuno, decidí que había llegado el momento de abrir el sobre y estudiar su contenido. Me sorprendió al ver que se trataba de una serie de fotografías, en color, y un documento de unas cuantas decenas de páginas en el que se indicaba con total precisión los hábitos de aquel alcalde, sus actividades diarias, y un extenso calendario con sus horarios y lugares que frecuentaba. También había una pequeña nota, escrita a mano que decía así:

         Aquí tiene todo lo que necesita saber. Estúdielo con detenimiento y encontrará el momento adecuado para llevar a cabo su trabajo. Recuerde que es alguien muy inteligente y que no debe sospechar nada sobre usted. Por cierto cuando haya acabado, destruya todo lo mejor que pueda, ¿se imagina que ocurriría si alguien descubre estas fotografías en color?

No llevaba firma, pero no era necesario, ¿quién más podía estar al tanto de todo? No había ninguna mención a lo que podía suceder sino cumplía con la misión asignada, no había amenazas, pero el video que me había mostrado, seguía grabado en mi retina, y no podía apartar de mi mente aquella imagen de mi mujer y mis hijas. Ahora necesitaría un tiempo para asimilar toda esta información, y lo que era más importante debía encontrar una estratagema que fuese lo suficientemente convincente para acercarme a aquel personaje sin levantar sospechas. Había demostrado que era alguien inteligente y poderoso ya que ni el mísmísimo señor de aquel mundo, el rey por así decirlo, podía derrotarlo.

         Me vino a la cabeza que si él no lo había conseguido, ¿cómo lo iba a conseguir yo? Pero estaba tan convencido de que yo era capaz de hacerlo, que tenía que confiar en él. Eso y que la vida de mis seres queridos estaba en juego.

Estuve toda la mañana leyendo y releyendo aquellos papeles hasta que los memoricé, entonces los destruí todos, no sin antes copiar en una hoja de papel los datos más significativos, procurando que si aquellas notas caían en manos ajenas no pudiesen relacionarlos con nada. Miré lo que acababa de escribir y comprobé que los datos apuntados, si uno no sabía a quién hacían referencia era imposible sacar ninguna conclusión. Había estado tan absorto con el contenido de aquel sobre que no me había dado cuenta de la hora que era, y comprobé que había pasado una buena parte de la mañana enfrascado, se me había pasado la hora del desayuno, y ya era el momento de llevarme algo a la boca. Tras comprobar que no dejaba tras de mí ninguna prueba comprometedora, me dispuse a bajar al restaurante, y apenas había cruzado el umbral, cuando de la nada, apareció a mi lado la figura familiar de Gustaf, pero lo hizo de manera tan sorprendente que el corazón me dio un vuelco.

         -¡Que susto me ha dado!

         -Lo siento –dijo con una sonrisa- no era mi intención. ¿Ya ha estudiado los documentos que le he entregado?

         -Sí.

         -¿Ha destruido las fotografías?

         -Y también todos los papeles, solo he guardado esto…

         Y le mostré la nota que había escrito. La leyó y me la devolvió complacido.

         -Perfecto, nadie podrá relacionarla con nada. Buen trabajo.

         -Gracias.

         -Ahora le toca a usted, recuerde que no tiene mucho tiempo…

         -Tengo que hacerle una pregunta… ¿a qué se debe que a veces me tutee y otras no lo haga?

         -El tono, mi querido amigo, el tuteo es amenazante… y, voy a tutearte, no quiero fallos…

         -No los habrá. Y me pondré manos a la obra enseguida, ahora si me lo permite, voy a comer algo, he estado tan ocupado con esos papeles que se me ha pasado la mañana volando.

         Eché la llave y al girarme de nuevo ya no estaba allí. Por un momento pensé que me pediría si quería acompañarme mientras comía, y me sentí aliviado cuando no lo hizo, no me apetecía comer con nadie, y mucho menos con él. Además pensar mientras degustaba los excelentes manjares que la carta del restaurante ofrecía. En pocas palabras, quería tranquilidad, para aliviar mi conciencia, ya que estaba dispuesto a cumplir lo que me pedían. Cuando llegué al restaurante, me acompañaron a la que ya estaba siendo mi mesa, ya que volvía a repetir. El personal era realmente atento, ya lo fueron el otro día, y me sentía como en casa. Y lo importante, la comida estaba deliciosa. Entre plato y plato, empecé a darle vueltas a varias alternativas para acometer mi misión, pero antes tenía que ver en persona a mi víctima. Era cierto que su imagen la tenía grabada en mi mente gracias a las fotografías que me habían facilitado, pero no era lo mismo. Además tenía curiosidad ya que no acababa de entender como alguien de apariencia tan frágil, se había convertido en alguien tan poderoso al que ni el mismo rey de aquel mundo era capaz de derrotar. Eso también era una forma de indicarme que mi trabajo no iba a ser fácil, era un personaje inteligente. Tan absorto estaba con mis meditaciones que no me dí cuenta de que el camarero me preguntaba, seguramente que por segunda o tercera vez:

         -¿Va a tomar postre?

         -Sí, una mousse de chocolate, y un café solo.

         -¿Querrá nata en la mousse?

         -Sí, y un buen chorro de sirope de chocolate…

         -De acuerdo.

         Tras realizar un breve gesto con la cabeza se retiró. Eso me dejó un par de minutos más de reflexiones antes de que volviera con una espectacular copa con una mousse que si estaba tan deliciosa como el aspecto que tenía, entonces iba a disfrutarla sin duda. También me dejó el café. Y debo confesar que nunca he probado uno tan bueno. Cuando acabé me levanté y me marché, dejé una buena propina sobre la mesa y volví a mi habitación. Al abrir la puerta encontré un sobre que alguien había deslizado bajo la misma. Miré a ambos lados del pasillo por si veía a quién lo había dejado, pero todo estaba desierto. Tras entrar, cerré la puerta, cogí el sobre y lo abrí. Su contenido era una simple hoja de papel pero su contenido me dejó intranquilo y preocupado.

         No tenía ni remitente, ni ninguna seña identificativa que pudiese dar pistas sobre la persona que la había escrito. La letra se podía leer con claridad, pero tenía un aire de modernidad que no encajaba en aquel mundo, eso hizo que me pusiese en alerta, algo no iba bien. Lo que se confirmó en cuanto la leí. Cuando acabé de leerla estaban claras dos cosas. La primera es que el personaje al que tenía que matar, así de duro suena, sabía que estaba aquí, y segunda, mi plan de acercarme a él poco a poco acababa de venirse abajo. ¿Cómo era posible, si apenas llevaba dos días en ese mundo? Era una locura. ¿Y ahora qué? Todo lo que había pasado por mi cabeza, el modo de actuar, los pasos a dar, todo se venía abajo. Lo único que deseaba era poder despertarme, si es que realmente todo era un sueño, y volver a mi realidad.

         Pero algo me decía que mi pesadilla en este mundo de locos, no había hecho nada más que empezar, para mi desgracia. Arrojé la carta y me tumbé en la cama. Tenía ganas de llorar, pero ni siquiera las lágrimas aparecían, sin quererlo me quedé dormido. Cuando desperté comprobé que habían pasado un par de horas, pero al igual que la otra vez, no recuerdo nada de lo que soñé en mis sueños, no sé si es una paradoja o no, pero es la realidad. Pero lo que me sacó de mis ensoñaciones fue el sonido de alguien que llamaba a la puerta, aunque lo correcto sería decir que aporreaba la puerta. No me quedó más remedio que levantarme. Cuando la abrí me sobresalté por lo inesperado de la visita.

         -¡Usted!- fue lo único que logré articular.

         -¡El mismo!- obtuve por respuesta.

         En el umbral un hombrecillo pequeño, completamente normal, anodino, que pasaría completamente desapercibido en cualquier lugar, pero que allí se había convertido, en alguien muy poderoso. Era el sujeto que había visto en las fotografías que me había dado el rey de aquel extraño mundo. El mismo al que tenía que liquidar. Menuda sorpresa.

         -Veo que me conoce, eso es que ya le han hablado de mí.

         -Así es.

         -Y siendo usted nuevo por estas latitudes, creo que no le habrán contado nada bueno… e imagino quién habrá sido su anfitrión y al mismo tiempo el culpable de esas nada agradables palabras hacia mi persona…

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RELATO POR ENTREGAS (III)

             -Ya le he hablado de las fisuras. Eso como puede ver pertenece a su mundo. Antes de que le dé la vuelta le diré que es lo que parece, una fotografía en color, algo que aquí, en este tiempo, ni siquiera han soñado y nunca mejor dicho. Esa es la razón por la que me va ayudar…

         No quería darle la vuelta, pero la curiosidad me podía, ¿cuál era esa poderosa razón? ¿Había algo en aquel mundo extraño que podía obligarme a matar? Cuando la giré, el mundo se me cayó encima: era una fotografía de mi mujer y de mi hija.

         -¿Qué significa esto?

         -Bueno yo creo que está claro, o me ayuda o las mato. Fin de la historia.

         No sabía si llorar, o acabar con su vida allí. Me eché hacia atrás y me levanté, no estaba dispuesto a seguir con ese juego, lo único que quería era abandonar aquel lugar y volver a mi tiempo, o lo que fuese. Pero no me dejó ni moverme, y si en mi mente pensaba que ya no podía sorprenderme, estaba equivocado. De otro bolsillo interior sacó un pequeño objeto alargado. ¡Qué sorpresa la mía cuando vi que era un ipod! Si la fotografía desentonaba en aquel lugar, el ipod parecía surgido de una película de ciencia ficción.

         -¿Qué…?

         Apenas pude acabar la frase ya que aquel hombre lo puso en marcha. Era la grabación de un vídeo de mi mujer y de mi hija. Interrogué a aquel hombre con la mirada y su respuesta me heló la sangre: lo había grabado justo en el momento en el que yo salí hacia la estación de trenes. Aquello hizo que me estremeciera al comprender que se había fijado en mí incluso antes de que empezase a soñar. Sabía que me iba a quedar dormido en aquel tren. Aquello escapaba de mi conocimiento. Entonces fue cuando dijo:

         -Cuando le dije que era el dueño de esto no le mentía. Soy algo más, este es mi reino, aquí yo soy el rey.

         Una aterradora sonrisa se dibujó en aquel rostro.

         -Y ahora me va a ayudar, o no volverá a ver a su familia.

         Me encontraba acorralado entre mis principios, a los cuales nunca pensé que renunciaría, y mi familia. Un hombre acorralado, puede hacer lo que sea ¿o no?

         -Está bien, usted gana.

         -Maravilloso, ahora le pondré en situación y espero que comprenda que lo que va a realizar puede salvar su mundo, si lo quiere llamar así.

         -Me conformo con que sea suficiente para salvar a mi familia.

         Lo que me contó a continuación era tan fantástico, tan increíble que estuve escuchando con la boca abierta sin reaccionar. A pesar de mi afición por las novelas fantásticas y las películas de ciencia ficción, nunca pensé que viviría algo semejante.

         -Bueno pidamos otra copa, nos va a hacer falta. Y no se preocupe por nada, yo me encargo de todos los gastos.

         Me tomé el vaso de un trago y pedí otra copa. Nunca me había hecho falta tanto como ese día. Mi interlocutor me miraba con una amplia sonrisa. Era conocedor de que estaba en sus manos, de que nada podía hacer por evitar que sus deseos se cumpliesen. En su rostro se mostraba la confianza que tenía en sí mismo, la seguridad del cazador que sabe que tiene a su presa a tiro, y que no va a fallar en su intento por atraparla. Hasta que el camarero no se retiró, no continuó con su disertación.

         -Bien ahora voy a contarle todo sobre el mundo de los sueños, esa tierra fantástica, en el que lo mismo puedes tener un maravilloso sueño- y en ese momento y juro que es verdad, se transformó delante de mis ojos en un adorable osito de peluche- o la más terrible de las pesadillas- y se transformó en algo que no puedo definir, pero era aterrador.

         “Como puedes ver soy el responsable de todos los sueños, yo decido a quién le envío un buen sueño, o a quién le hago pasar una de sus mejores noches. Yo soy el rey y nadie cuestiona mis decisiones, entre otras razones, porque nadie sabe quién soy en realidad. Si nadie saber quién eres, nadie puede manipularte, aunque de toda formas no lo podrían hacer.

         Sonrió, de una manera tan tétrica que me estremecí.

         -Bien le he hablado de las fisuras entre este mundo y el real. Le he dicho las causas que provocan la mayoría de ellas. Pero quiero hablar de las que son más peligrosas. Son las que provocan aquellos que abusan de sustancias para poder dormir y soñar, ya que renuncia a su existencia en el mundo real, y viven una larga vida fructífera en éste. Pero eso conlleva un peligro del que no son conscientes, se aferran tanto a las cosas de aquí, que acaban confundiendo la realidad con la fantasía y es entonces cuando empiezan a producirse fisuras, ya que se aferran con tanta fuerza a esas cosas que acaban por cobrar vida propia, por así decirlo, y pueden romper esa barrera entre lo real y lo fantástico. Y cuantas más veces ocurre eso, más grande y difícil de arreglar se hacen esas fisuras. Muchas veces la gente actúa así de manera inconsciente, tienen problemas para dormir y se atiborran de pastillas para hacerlo, luego despiertan y no recuerdan nada, ya que lo único que buscan es poder dormir, sin importarles que sueñan o con quién sueñan. Pero hay algunos que se han dado cuenta de que en este mundo, si son capaces de soñar de manera continuada con lo mismo acaban formando parte de manera muy activa del mismo, e incluso pueden llegar a ser alguien importante, y es ahí cuando el equilibrio entre los dos mundos se tambalea. De hecho ya ha ocurrido. Peter Schilling, es como se le conoce aquí, es el alcalde de esta magnífica ciudad, pero él no pertenece a este reino. Su nombre verdadero es Adolfo Pérez, y aunque tendría que saber todo lo que ocurre en mi reino, ignoro como supo volver a soñar una y otra vez con lo mismo, hasta el punto de convertirse en alguien tan importante en esta ciudad. Y lo que es peor, también consiguió ser inmune a mis influencias, no puedo afectar a sus sueños. Lleva un año prácticamente entero soñando, apenas ha parado para comer, y enseguida vuelve a tomarse sus pastillas y duerme. Es uno de los componentes el que inhibe mi presencia, no sé la manera que ha tenido para conseguirlo, pero lo cierto es que no puedo hacer nada. Como puede imaginar ese año de sueño, supone muchos años, cientos en este mundo. Es otra de las particularidades de aquí, el tiempo es distinto, el concepto eternidad no es del todo cierto pero se aproxima bastante, uno puede llegar a estar miles de años formando parte de aquí, interactuando. Eso también ayuda a que las fracturas se vayan haciendo un poco más grandes. Y ahora mismo esa fractura empieza a tener un tamaño considerable, tanto que ambos mundos están empezando a sufrir las consecuencias. Esos son los hechos y ahora le explicaré el motivo por el que le necesito.

         Como ya os he dicho era la historia más alucinante que había escuchado nunca. Mientras me la contaba estuve tentado de pellizcarme varias veces pero no lo hice. Pero todavía me quedaba por escuchar algo más.

         -Cómo ya le he dicho- continuó aquel hombre- al alcalde, lo llamaremos así a partir de ahora, puede soñar a voluntad, no puedo impedirlo, y lo hace gracias a una sustancia que además de facilitar los sueños, actúa de inhibidor hacia mí. Eso hace que sea inmune a mi presencia en ambos mundos, y si no puedo actuar sobre él, la brecha se hace cada vez más grande y eso pone en peligro, no solo mi reino, sino también el otro mundo. Por eso necesito alguien ajeno a todo, y por eso le he elegido a usted. Aquí todo el mundo lo conoce, y es difícil acercarse a él, pero con usted mostrará interés, es un extraño aquí y eso puede generar en él una curiosidad desmedida, tal vez incluso se sienta amenazado. Le he dicho antes que se puede salir de este mundo de varias maneras, una de ellas es muriendo aquí ya que eso haría imposible volver a soñar, y eso es lo que quiero que haga, quiero que lo mate aquí. Si le sirve de algo para su moral y su ética, usted no lo asesinará de verdad, seguirá viviendo en su mundo.

         -También dijo que si se muere en el mundo real, uno puede quedar atrapado en este mundo, ¿eso quiere decir que ese alguien pasaría a formar parte permanente de este reino?

         -Bueno, si muere aquí también, deja de pertenecer… pero ellos como ignoran el motivo por el que se han quedado aquí, no son un peligro, no tienen intereses ocultos, se limitan a formar parte de la vida que les rodea, y aceptan esa forma de vida sin plantearse nada más. Muy pocos comprenden lo que les ha ocurrido y entonces se convierten en corderitos ya que se dan cuenta de que la única forma que les queda de vida es ésta y no están dispuestos a renunciar a ella. Suena muy a cuento, pero debería saber lo que la gente está dispuesta a hacer para seguir con vida. Y ahora volvamos a lo que nos interesa, quiero que usted asesine a ese hombre y así todos seremos felices. Yo volveré a ser el dueño y señor de este mundo, usted recupera a su familia y el equilibrio de los mundos se restablece. Todos salimos ganando.

         Quería convencerme a mí mismo que si lo mataba en este mundo, en realidad podía seguir viviendo, no podría volver a soñar, pero continuaría con vida. Pero mantenía mi lucha interior, iba a cometer un asesinato, se mirase por donde se mirase. Pero como ya he dicho, cuando un hombre se ve acorralado es capaz de todo.

         Me sorprendí a mí mismo preguntando:

         -¿De cuánto tiempo dispongo?

         -Bueno aquí el tiempo no tiene valor como tal, pero no disponemos de mucho, una semana a lo sumo. No tiene que preocuparse por nada, ya ha visto que tiene dinero suficiente para varios meses, pero todos los gastos corren de mi cuenta, no quiero que se distraiga con nada, ni se preocupe por nada, quiero que su única prioridad sea Adolfo. Yo le facilitaré toda la información que considere necesaria para llevar a cabo su misión. Y le garantizo que tendrá una buena recompensa cuando todo haya acabado.

         Me tendió la mano para sellar el pacto, y durante unos segundos me mostré reacio pero al final accedí. No me quedaba más remedio. Finalmente aquel hombre se marchó, no sin antes mostrarme de nuevo su aterrador aspecto y de nuevo un estremecimiento me recorrió. Permanecí todavía unos instantes sentado contemplando los restos del hielo flotando en mi vaso, y me sorprendí pensando que a pesar de los grandes tragos que había dado y el tiempo que llevaba en mi mesa, todavía eran visibles aquellos cubitos y lo más increíble, quedaba todavía una gran cantidad del ambarino líquido. Cogí el vaso y lo vacié de un trago, lo deposité sobre la mesa y me marché. Justo antes de salir por la puerta, giré mi vista hacia el lugar en el que instantes antes había estado sentado y se me heló la sangre, el vaso estaba otra vez casi lleno, con los cubitos enteros flotando sobre el whisky, y una extraña presencia se podía percibir en el lugar que había ocupado aquel hombre, no solo era extraña, era aterradora.

         Como tenía que esperar sus noticias decidí que era el momento de visitar aquella ciudad, de evadirme un poco, de respirar, de tomar el aire y reflexionar. Así que tras volver a mi habitación, cogí el mapa y me dispuse a recorrer aquellas calles, mientras mi querido amigo, por decirlo de alguna manera, me traía sus noticias, fuesen cuales fuesen. Nunca había estado en aquella ciudad, quiero decir en mi mundo, pero había visto varios reportajes y cientos de fotografías, ya que como amante del deporte que soy, conozco que es una ciudad muy apegada al olimpismo, con museo incluido. Pero lo que estaba viendo no se correspondía con esas imágenes, aquella ciudad por momentos parecía ser una decadente villa y de repente se convertía en una urbe llena de lujo. Este fenómeno lo achaqué a dos cosas. Lo primero que me vino en mente fue la época en la que me encontraba y que evidentemente con el paso del tiempo la ciudad habría cambiado mucho, desapareciendo edificios y apareciendo nuevas construcciones, pero seguís sin encajar algunas de las cosas que veías. Lo segundo que pensé y creo que es lo correcto, es que las ciudades en los sueños, en ese mundo, se adaptan al soñador, configurándola a su antojo, aunque permaneciendo inamovibles los edificios más significativos, como indicando aquello que no se puede tocar.

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