NUEVA ENTREVISTA

El pasado día 1, me hicieron una entrevista y ahora os comparto el enlace de YOUTUBE para que podáis verla y de paso dadme vuestra opinión. También quiero deciros que no cambia nada, sigo sin escribir nada y sin ganas de ello, pero eso no quita que lo que tengo publicado lo publicite, así que os animo a comprar mis libros para un regalo o para vosotros y como siempre digo, besos y abrazos a repartir.

ENTREVISTA A PEPE RAMOS

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MIS OTROS RELATOS (y XXIV)

Antes de nada quiero pedir perdón por no haber acabado con el reto de un relato al día durante un mes. Tuve un problema con el portátil y me fue imposible acabarlo, pero hoy os compenso con un relato especial. Por primera vez en un concurso, he acabado tercero, en este caso se trata de un concurso organizado por DONBUK para el encuentro de escritores y que ha sido publicado en la antología el primer porqué. Desgraciadamente ya se encuentra agotada, pero os traigo e relato con el que participé. Esto no quiere decir que haya vuelto a escribir, creo que eso no volverá a suceder, pero me hace ilusión saber que un día quedé tercero en algo. Besos y abrazos a repartir. Y ahí va el relato.

EL VIEJO SALOON

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Mike llevaba ocho horas cabalgando y tanto él como su montura, el precioso Roney, empezaban a mostrar síntomas de fatiga. Se dirigía a Townstone City, un pequeño pueblo perdido entre las arenas del desierto, cuyo único interés y el motivo por el que había sido construido, era la mina de oro que se había encontrado no hacía mucho. En cuestión de unos meses había crecido de la nada hasta convertirse en lo que ahora era, un pueblo lleno de vida, pero perdido en medio de la nada. Tan solo dos diligencias entraban y salían del pueblo, una por la mañana, otra por la noche. Si alguien, como él, quería acceder al pueblo fuera de los horarios de las mismas tenía que hacerlo por sus propios medios.

El sol golpeaba con fuerza, a pesar de que había empezado el camino temprano y no había parado salvo para dar de beber al jamelgo, el sol cada vez más alto en el cielo calentaba de lo lindo. Si no encontraba pronto el maldito pueblo, no sabía muy bien que hacer ya que no tenía plan B. Entonces, a lo lejos apareció la silueta de un edificio. No se alegró de entrada, ya que pensaba que se trataba de un espejismo, tan propio de los lugares áridos como en el que se encontraba. Pero a medida que se acercaba, crecía en tamaño, pero no acababa de convencerse del todo, ya que era un único edificio, no parecía haber nada más ni en las cercanías ni en kilómetros a la redonda,

Cuando lo tuvo delante un suspiro de alivio se escapó entre sus dientes ennegrecidos por el tabaco y la falta de higiene. TIM SALOON, se podía leer justo sobre la puerta. Había un abrevadero para que el caballo pudiese beber y un lugar en el que atarlo justo al lado, pero salvo él no parecía haber nadie más en aquel edificio de madera vieja y desgastada que tenía ante sí. Desmontó y dejó a Roney atado, y raudo como era no tardó en meter el hocico en aquella agua limpia y fresca del abrevadero. Mike suspiró, se subió un poco los pantalones y tras empujar con sus manos las puertas abatibles tan propias de aquellos antros, entró. No había duda, no era ningún espejismo, era un lugar real, sólido, viejo y algo destartalado, pero a juzgar por el ruido de sus zapatos golpeando el suelo, real.

No había nadie dentro, salvo el hombrecillo detrás del mostrador y él. El lugar estaba limpio, se notaba que tenía muchos años a sus espaldas por el aspecto general de la madera, pero no había polvo sobre las estanterías de los licores, ni sobre la mesa, ni en las maderas sobre las que caminaba. El hombrecillo sonrió al verlo entrar y en cuanto se hubo sentado aquel forastero en un de los taburetes de la barra, le preguntó que deseaba tomar. Mike lo pensó un rato y dijo:

-Un whisky, doble, con hielo y algo para comer.

Por única respuesta, tres segundos después tenía junto a su mano, un vaso ancho, con tres cubitos de hielo y un líquido dorado en su interior. Pasados unos minutos, un delicioso bistec de ternera, en su punto, con patatas fritas era colocado por aquel hombrecillo. Mike le miró, y este le sonrió. Probó un poco y solo podía decir una cosa, y es que nunca había comido nada tan delicioso. Miró de nuevo el interior del local y comprobó, una vez más lo vacío que estaba y no entendía como un lugar en el que se servía una comida tan deliciosa y un whisky de tan gran calidad, podía estar desierto. Cuando acabó con todo, el camarero le preguntó:

-¿Desea algo de postre?

-¿Tiene tarta de manzana?

De nuevo la única respuesta que obtuvo fue una amplia sonrisa y un plato en el que un trozo generoso de tarta, cubierto de nata montada hacía su aparición. No pudo por menos que reconocer que estaba tan bueno como todo lo que había tomado hasta ese momento. Como cerca de donde estaba apoyado había un cenicero, que por cierto estaba impoluto, sacó el paquete de tabaco del bolsillo de su camisa, se encendió un cigarrillo y tras pegar dos o tres caladas y exhalar varias veces un humo azulado, preguntó aquello que llevaba rato barruntando:

-¿Siempre está esto tan vacío?

-Bueno, no suele venir mucha gente por aquí, esto está muy lejos de todas partes.

-¿Y entonces por qué tener abierto un local como éste en medio de la nada?

-Precisamente para viajeros como usted que necesitan un lugar en el que descansar, reponer fuerzas, beber o comer.

-¿Y le resulta rentable?

-A veces, en la vida, no todo es cuestión de dinero.

Mike lo miró, seguía teniendo aquella sonrisa que no le había abandonado desde que le vio entrar, y quiso decir algo, pero se lo pensó mejor y permaneció en silencio. Como la conversación pareció acabar, el hombrecillo se giró, cogió un trapo situado en un cajón y se puso a limpiar los vasos situados en un estante situado a su derecha. Mike, por su parte, siguió dando caladas al cigarro hasta que casi no lo podía sujetar con los dedos y soltó lo poco que quedaba en el cenicero. Se giró hacia la puerta y estudio con detalle aquel lugar. Quedaba claro que era un lugar que había pasado por momentos mejores hacía muchos años. Cinco mesas redondas con seis sillas cada una, ocupaban la mayoría del local, y un piano blanco en un rincón, completaban el mobiliario. Todo muy rústico, todo muy normal.

Ocurrió todo de manera tan rápida que no podía ser real. Aquel piano empezó a mover sus teclas sin que nadie las tocase. Abrió los ojos para asegurarse que no estaba soñando ya que las mesas que antes estaban vacías, ahora estaban llenas de gente, de vaqueros como él jugando a las cartas, bebiendo cerveza y fumando. De repente uno de aquellos hombres se levantó y disparó a un compañero de timba, que al caer al suelo dejó ver las cartas que tenía en la mano: doble pareja de ases y jotas, la quinta carta había caído boca abajo y no podía saber cual era. Pero desde que Wild Bill fue asesinado con esa jugada, se la conocía como la mano del muerto.

Un frío intenso llenó el local, el aliento de Mike era gélido y formaba gotitas de hielo al exhalarlo, se giró hacia el camarero, el hombrecillo que le había atendido todo este tiempo y su rostro palideció, aquella figura podía ser muchas cosas, pero de todas esas cosas lo que quedaba claro es que no era humana.

-Mike -le dijo aquella cosa que antes había sido un hombrecillo y ahora sonaba aterradora- las cartas han hablado, tu hora ha llegado, ¿un último deseo?

No pudo articular palabra. Su cabeza caía sobre el mostrador. Estaba muerto.

-Bienvenido a mi casa. Soy tu deseo más profundo, aunque no lo sepas. Soy quién siempre te ha esperado, sin tu saberlo. Soy quién siempre cobra sus deudas, aunque no tengas. Soy el final de todo, y el principio de nada. Soy la muerte, y tú mi invitado.

Fuera el relincho de un caballo sonó. El sol seguía brillando con fuerza, pero una nubes negras se acercaban veloces, acompañadas por viento que poco a poco arrastraba la arena, produciendo un extraño y aterrador siseo, mientras el viejo saloon se iba desvaneciendo a medida que aquellos pequeños granos lo golpeaban.

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DÍA 25, RELATO 25

 

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EL PRIMERO

La hierba ya no crece por donde paso, los animales caen muertos ante mí, aquellos que osan mirarme caen paralizados de terror. Todos saben mi nombre, pero muy pocos me conocen. Maldecido por Dios, bendecido por la sangre de los hombres. Los vampiros, aquellos que son de mi especie, me tienen pavor, no puedo morir, soy inmortal, nada me afecta como a ellos. La luz del sol es un lujo que ellos no pueden permitirse, las estacas de madera me hacen cosquillas y la plata, me encantan las cadenas de plata, llevo varias con crucifijos colgadas del cuello. Me tienen pavor por una sola razón, soy el vampiro original, el primigenio, mi nombre es… CAÍN.

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DÍA 24, RELATO 24

 

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EL PODER DE LA SANGRE

Cae la noche, la oscuridad cubre las calles desiertas y polvorientas de la parte antigua de la ciudad. Mientras todos duermen yo las recorro, ávido de comida, deseoso de poder alimentarme. Algunos de mi especie lo hacen de ratas, perros callejeros o cualquier animal que encuentran. ¡Estúpidos! No saben apreciar el don que tenemos, que nos fue legado para la eternidad. No me avergüenzo de lo que soy. La sangre que corre por las venas de los humanos es tan gratificante… Sí es verdad durante un tiempo yo también era una alimaña que me alimentaba de animales, pero cuando descubrí la sangre humana no pude abandonarla. Es como una droga… te llena, notas como todo tu cuerpo se revitaliza, y si mi corazón estuviera vivo latería con tanta fuerza que se saldría de mi pecho henchido. Debo dejaros, por ahí viene una hermosa joven, huelo su sangre, lástima que tenga que morir para que yo siga viviendo, estando muerto…

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DÍA 23, RELATO 23

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EL POSTER

Soy amante del cine, del buen cine. De ese que ya no se hace, del que llenaba las pantallas en blanco y negro en el que los actores interpretaban y los efectos especiales eran casi nulos. Tengo las paredes de la habitación empapeladas con los posters de aquellas películas, todos ellos en blanco y negro también: Casablanca, El halcón maltés y mi última adquisición: Nosferatu, que he colgado en el cabecero de mi cama. Pero desde ese día algo extraño me pasa, casi no salgo a la calle, he tenido que cerrar las cortinas de mi alcoba puesto que el sol me molesta, estoy pálido, mortecino. Me han salido dos extraños agujeros en el cuello, pero lo que más me inquieta, lo que me tiene aterrorizado es que ese último póster, ahora, está lleno de color…

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DÍA 22, RELATO 22

 

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LA NOTICIA

No podía creer lo que acababa de oír por la radio y eso que era un oyente fiel, de toda la vida. Alguien había acabado con las vidas de varias personas a hachazos. Cuando la policía llegó el espectáculo era dantesco, cadáveres por todos los sitios y la sangre lo llenaba todo. Se sintió triste por la pobre gente que había fallecido y enfadado por el asesino. Tendrían que hacerle lo mismo. Entonces oyó los coches de policía frenando delante suyo y como sacaban sus armas y le apuntaban. Se miró, no entendía que hacía con un hacha y las manos llenas de sangre…

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DÍA 21, RELATO 21. HOY 3 MICROS

 

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NADA

No quedaban libros, ni esperanza. No había nada, ni presente, ni pasado, ni futuro. Se lo llevaron por delante cuando alguien pulsó el botón rojo.

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LA ESTANTERIA

No quedaban libros, estaban todos empaquetados. Acerqué mi mano a la librería, en la habitación a oscuras algo tiraba de mí, me asusté. Algo me arrastraba. Grité. Nadie me oyó.

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LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ

No quedaban libros, les arranqué las hojas una a una, las lancé al viento que soplaba. Con ellos se fueron mis recuerdos, mi vida, mis ilusiones, mis deseos, mis amores, mis anhelos.

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DÍA 20, RELATO 20

 

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AQUELLOS OJOS AZULES

Siempre me gustaron tus ojos azules. Soñaba con ellos a todas horas. Cada vez que los miraba veía abismos insondables, imaginaba un océano en cada uno de ellos. Me sumergía en un mundo de emociones que creía olvidadas hace tiempo. Eran los más hermosos que nunca había visto. Me enloquecían, me tenían embelesado, me arrastraban a un mundo de pasión desconocido. Era capaz de cualquier cosa por ellos, de robar, de matar, sólo por estar cinco minutos mirándolos y recreándome en ellos. Por eso te los arranqué. Cuando me dijiste que no me querías no me quedó más remedio que hacerlo. Ahora los contemplo cada noche, en su estuche de cristal junto a mí, donde antes reposaba tu cabeza, mientras tu cuerpo sirve de abono a las rosas del jardín.

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DÍA 19, RELATO 19

 

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Y PASÓ EN UN SUSPIRO

—Por cierto, ¿hoy es domingo?

La pregunta quedó suspendida en el aire y no la pudo contestar. Seguía con el teléfono en la mano mirando por la cristalera, como la fachada de lo que antes era su edificio, se venía abajo ante su atónita mirada. Una explosión era la causante. Cientos de vidas sesgadas en apenas unos segundos. Y aquella mujer al teléfono lo único que quería saber era si hoy era domingo. Irónicamente sonrió a pesar de la dureza de la experiencia de la que acababa de ser testigo. Para aquellos que ya no estaban, sí era domingo. Hoy sería el día de reposo.

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DÍA 18, RELATO 18

 

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LUNA LLENA

Atravesaba la ciudad corriendo, necesitaba llegar cuanto antes al bosque y dejar que la luz de las estrellas le abrazase y le besase la luna. No podía tener gente cerca, era peligroso para ellos y para él. Corría sin pensar, tropezando con cubos y con algunos transeúntes que le miraban extrañados o enfadados, pero no podía detenerse a mirarlos ni a pedir perdón. Echó un vistazo al reloj y comprobó lo tarde que era, tenía que acelerar el ritmo, si no quería que todos lo vieran. Y a pesar de que el bosque estaba lejos tenía que conseguirlo, o mucha gente inocente moriría. Los latidos de su corazón acelerado resonaban en su cabeza y notaba el bombeo de la sangre en sus sienes. Gotas de sudor rodaban por su cara y caían al suelo. Oía el ploc ploc de las mismas al golpear contra el asfalto. Miró hacia el cielo, que cubierto de nubes impedía ver las estrellas en todo su esplendor y aceleró todavía más, en el centro de aquella masa nubosa la luna intentaba mostrar toda su belleza y tenía que llegar al punto de destino antes de que eso sucediese.

La trasformación estaba en marcha, notaba como la ropa, antes holgada, empezaba a oprimirle, no tardaría en romperse en mil pedazos. Empezó a encorvarse ligeramente hacia adelante y acabó colocando las manos en el suelo, impulsándose para ganar más velocidad. Ya no sentía nada, ni veía nada, sólo corría mientras su cuerpo cambiaba. Finalmente llegó al claro del bosque y se detuvo. La luna le saludaba en toda su grandiosidad y más llena que nunca. Él le devolvió el saludo. Aullándole y dejando que su luz le bañara.

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