ÚLTIMO RELATO ANTES DE SANT JORDI

Bien aquí está mi último relato antes de celebrar el día del libro, y no sé si decir que una de mi últimas entradas. Es un relato inédito, aún no se ha publicado y ya no sé si lo haré. Espero que os guste y si no os gusta da igual, no me lo vais a decir. Besos y abrazos a repartir.

LO QUE LA TEMPESTAD ESCONDE

No recordaba una tormenta igual, al viento que llevaba horas soplando, se unía el granizo, todo mezclado con los rayos que rasgaban el horizonte, llenando con su fantasmagórica luz los acantilados. Como pudo extrajo el pequeño libro que llevaba oculto en uno de sus bolsillos interiores, encuadernado en un metal extraño y cuya antigüedad se perdía en la noche de los tiempos. Las olas golpeaban con fuerza las rocas, levantando espuma y arrancando con su fuerza, esquirlas de las mismas.

Alzó la voz, intentando hacerse oír en medio de aquella tempestad y con voz profunda, autoritaria, de alguien acostumbrado a dar órdenes, empezó a recitar unos versos de aquel pequeño volumen en un idioma tan antiguo y desconocido, como aterrador. Las nubes, empezaron a teñirse del rojo de la sangre, las aguas se agitaron en un remolino que engulló todo cuanto le rodeaba. Un tornado tan negro, como el azabache se formó.

Aquella voz dominaba los elementos, aquella voz imponía su cadencia, tal era la fuerza que emanaba de aquella garganta que hasta los animales huían atemorizados al oírla. ¿Cómo podía alguien retar la climatología sin sentir el cosquilleo del miedo en sus entrañas? Aquella silueta situada sobre los acantilados no parecía temer ni la lluvia, ni el granizo, ni los rayos, ni la fuerza del mar. Llevaba siglos esperando el momento perfecto para la invocación y ese día había llegado.

En un momento dado, el rojo de las nubes, se mezcló con el negro del tornado y a ellos se unió el gris del remolino y la blanca espuma de las aguas, justo cuando un rayo impactaba sobre el borde del acantilado. Las palabras, surgían cada vez más aceleradas, sonaban con más fuerza mientras todo cuanto rodeaba a aquel se tornaba fantasmagórico. En medio de aquel caos una apertura multicolor se formó en el vórtice que la mezcla de todas las inclemencias había formado. Poco a poco fue aumentando de tamaño, acompasando su crecimiento a la cadencia demencial de aquel canto en el que se había convertido lo que empezó como una simple salmodia.

Lo que surgió a continuación no puede describirse con palabras. Una abominación sin un cuerpo definido, sin brazos ni extremidades. Era muchas cosas, y ninguna a la vez, era el principio y el fin, el caos y la nada, el orden y el todo. Aquel hombre, sonrió, se inclinó y en un susurro imperceptible casi en un murmullo, apoyó su rodilla en la húmeda y embarrada tierra y dijo:

-Toma lo que es tuyo.

El cielo bramó, el viento aulló y el agua se agitó, mientras la destrucción, la muerte, la locura, y el terror se abrían paso en la oscuridad de la tempestad.

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