5 RELATOS 5

Como queda poco para que la segunda edición de “¿Hay alguien aquí?” vea la luz, os voy a compartir algunos de los relatos que se encuentran en ese libro. Por dos razones, porque me da la gana y para ver si os animo a comprarlo, os aseguro que os va a gustar. Y sin más dilación, aquí los tenéis. Besos y abrazos a repartir.

GUARDIÁN SILENCIOSO

Sobrevuela majestuosa la ciudad aprovechando las últimas sombras y el amparo de la noche. En sus garras, los restos de la última víctima, en su mirada, la confianza que inspira el miedo a su presencia. Silenciosa vuela entre los edificios de la ciudad, el mundo se mueve bajo sus alas, ajeno a su presencia. Otra noche de terror sembrado. Lentamente vuelve a su morada, la que es su lugar de descanso durante las horas del día. Allí quedará como guardián silencioso del edificio al que pertenece.

Dejará que el sol le golpeé con fuerza, dejará que sus rayos se reflejen sobre su piel de granito, pero al caer la noche, volverá a levantar el vuelo y buscará a aquellos pobres ingenuos habitantes que son su alimento. Ella es la recolectora de sus almas, su guía al infierno. Finalmente se detiene, repliega las alas, se aposenta en el tejado de la catedral. Durante el día le tocará ser una gárgola más.

EL FUGITIVO

El frío azota sus mejillas, mientras el crujido de la nieve bajo sus pies es su única compañía. No puede detenerse, necesita alejarse de la ciudad. Le persiguen, le buscan. Ráfagas de aire helado acarician su rostro, gotas de un sudor frío corren por su cara. Aquellos ciudadanos no le entienden, son incapaces de ver más allá de sus decrépitas narices. Ha obtenido la perfección, ahora es un ser superior, un nuevo eslabón en la evolución y no lo pueden comprender.

No necesita comida, tan sólo sangre. Por eso quieren darle caza, le acusan de asesinato, cuando su único delito ha sido convertirlos en seres superiores. Les ha mostrado la luz, ha abierto la ventana de un nuevo mundo. Se gira, le alcanzan, han disparado algo afilado que se clava en su corazón. Maldice el mundo de ignorantes que deja atrás mientras su cuerpo se desvanece convirtiéndose en ceniza.

En el cementerio, los cuerpos desangrados, vuelven a la vida.

FACEBOOK

Los nombres originales me gustan, no en vano mi Nick es “Rompehuesos”. Así que cuando “Ángel Exterminador” me hizo la petición de amistad, no dudé ni un instante en aceptarlo, entre otras razones porque era el que hacía el número cien.

Poco después empezaron a atormentarme extrañas pesadillas, pero no vi una relación entre una cosa y otra. En ellas mis amigos, morían uno tras otro en extrañas circunstancias. Durante todo ese tiempo dejé de conectarme, estaba tan cansado de día que no me apetecía. Finalmente una mañana de verano, algo más animado lo hice.

Mi sorpresa fue mayúscula: ya no tenía cien amigos, solo uno: Ángel Exterminador. Y un mensaje suyo: Juntos lo hemos hecho. No entendía a que se refería, pero cuando me llamaron para decirme que Pedro, mi mejor amigo se había roto todos los huesos al caer desde un octavo piso, lo comprendí.

Todos murieron con los huesos rotos.

Ahora Ángel tiene otro amigo: Pirómano.

HERMANOS

Cuando abrió la puerta palideció.

-¡Hermano!

-No puede ser cierto, estás muerto.

-Pues aquí estoy. Tócame, ¿crees que estoy muerto?

-No puede ser- repitió- Te mataron, te desmembraron, te cortaron la cabeza, te arrancaron las entrañas y las dieron de comer a los perros.

-Pues no tengo aspecto de estar desmembrado, ni descabezado y…- se levantó la camiseta que llevaba- tengo todas mis tripas en su sitio.

-Pero es imposible. Yo lo hice, yo te maté.

La figura al otro lado de la puerta sonrió. Y mostrando una boca llena de afilados dientes exclamó:

-Ya ves hermanito, todo fue en vano…

Lo último que vio fue el rostro de su hermano, abalanzándose sobre él.

LA FAMILIA PERFECTA

Llovía con fuerza cuando abrió la puerta de su casa. Depositó con cuidado la pala embarrada junto a la puerta y el pequeño bulto que llevaba en la mano con extremado cuidado sobre el pequeño diván situado en el pasillo. Se quitó el abrigo y lo colgó en la pecha, y recogió de nuevo el paquete. Abrió la puerta del sótano y descendió.

Siempre había sido un hombre solitario. Deseaba tener una familia como la de los demás. Pero su aspecto físico se lo había impedido. Llevaba mucho tiempo empeñado en conseguirlo y ahora por fin su obra estaba terminada.

Allí estaban la abuela, haciendo punto, el padre y la madre charlando animadamente, la hija mayor discutiendo con el hermano pequeño. Desenvolvió el paquete que traía y deposito el niño en la cuna del fondo. Ahora el cuadro estaba completo, ahora tenía la familia perfecta, no podían morir, ya estaban muertos.

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